En memoria del Comandante Chávez
Un relato sobre su vida
Por Viviana
Taylor

Con un especial agradecimiento a Ezequiel Cena,
sin cuya obstinada insistencia
para que escribiera sobre Chávez
jamás me habría animado a hacerlo.
Oración al Chávez nuestro
Chávez nuestro que estás en la cárcel,
santificado sea tu golpe,
venga (vengar) a nosotros, tu pueblo,
hágase tu voluntad,
la de Venezuela,
la de tu ejército,
danos hoy la confianza ya perdida,
y no perdones a los traidores,
así como tampoco perdonaremos
a los que te aprehendieron.
Sálvanos de tanta corrupción
y líbranos de Carlos Andrés Pérez.
Amén.
Oración
entregada por un caraqueño anónimo
a
Hugo Chávez en la cárcel de San Carlos,
poco
después de haber sido encarcelado en 1992.
No quería
escribir sobre Hugo Chávez. Todavía me siento conmocionada por su enfermedad,
su prematura muerte, el dolor de su pueblo. Conmocionada por mi propio dolor,
que vivo como de prestado. Como una intrusa de la pena y el llanto.
Y es que yo
no soy una de esas chavistas de la
primera hora. De hecho, al principio de los principios se me había pasado
bastante inadvertido. No era para mí más que un aspirante a dictadorcillo del
Caribe. Comencé a prestarle atención -con bastante desconfianza y desagrado-
cuando llegó al gobierno. Y es que, así como no soy una chavista de la primera
hora, sí soy una más de esa generación cuya adolescencia atravesó la dictadura,
dejando marcas y matrices de interpretación. Matrices que hace décadas que
lucho por concientizar para liberarme de ellas. Y este militar, liderando una
revolución en un país caribeño, era justo lo que daba de lleno en mis
cicatrices para provocarme escalofríos. De los feos.
Y es que
–claro- la rebelión encabezada por los oficiales a la orden del Chávez se
produjo exactamente cuando América Latina estaba saliendo de las dictaduras
militares y del Plan Cóndor, ese siniestro plan diseñado por EE.UU. para
coordinar la brutal represión que los gobiernos dictatoriales de América Latina
gestionaban casi por su mandato contra los movimientos revolucionarios de la
región. Era raro, para una latinoamericana como yo, imaginarse a un militar
liderando una revolución popular. Pero más tarde que temprano descubriría que,
a pesar de mi su suspicacia, era justo eso lo que estaba haciendo.
Una de
las primeras cosas que me llamó la atención es que esas particularidades tan
distintivas de Chávez, eran compartidas por casi todos los hombres que lo
rodearon desde aquellos tiempos inaugurales. Todos -Chávez incluido- son un
poco místicos, un poco poetas, todos románticos soñadores. Todos son grandes
lectores, amantes de la historia, y están ligados de alguna manera a la tierra:
o por indios, o por campesinos, o por chamanes. Algunos por todo eso, todo
junto y entramado. Son todos hombres especiales. Y cada uno lo es a su modo.

Chávez
estaba convencido de que el papel de los militares es fundamental para el
progreso social: sin militares patriotas no se puede sostener un proyecto
bolivariano. Son la garantía de la victoria, porque son atípicos: las clases
populares de Venezuela –a diferencia de lo que sucedió en otros países de
América Latina, donde sólo accedía una elite- tuvieron acceso a la Fuerza
Armada Nacional (FAN). Y veía en esto la razón por la que había logrado prender en ella el nacionalismo bolivariano, un
concepto de soberanía que antes no existía, con un sentido de clase y una
concepción populares. Una conciencia de clase que les permitió –aún pasando por
las escuelas norteamericanas- mantener un concepto nacionalista de su deber.
¿Pero cómo llegó Chávez a ser este Chávez?

Sin embargo,
cree recordar que el primer contacto con Bolívar fue más tardío: recién en el
liceo. En la Academia, Hugo conoció al General
Jacinto Pérez Arcay, un importante maestro e historiador, que influyó
profundamente en su pensamiento bolivariano. Así que no fue extraño que ya en
la universidad, a Lenin y Marx -que estudiaban juntos, ya que Adán adhería al
comunismo- Hugo insistiese en que debían ser complementadas con el estudio de
los próceres nacionales, y manifestara
su predilección por Bolívar.
Si bien
acuerdo en que estos deben haber sido los fundamentos de su pensamiento, creo que
no alcanzan para explicar su paso a la acción.
Tuvo que
haber un hecho de toque. Una experiencia crucial que lo empujara a cambiar ya
no su forma de pensar el mundo, sino el modo de posicionarse y actuar en él.

Sus
lecturas, su pensamiento, su sentir, y la experiencia novedosa de saberse de
una casta de héroes, inevitablemente iban a conjugarse de modo de provocar un
distanciamiento de la corrupción y los desmanes de la cúpula militar.
Quizás el
primer hecho que lo impactó fue el haber presenciado el maltrato a unos
campesinos, cuando estaba destacado en una guarnición del oriente del país, y
llegaron unos oficiales con dos o tres campesinos presos, a los que acusaban de
ser guerrilleros. Los golpearon tan brutalmente, que Chávez intervino para
impedir que continuaran, lo que le valió una reprimenda de sus superiores.
Sin dudas,
su experiencia con los indios yaruros y los cuivas haya sido otro impacto. El
propio Chávez contó que llegó a involucrarse con sus dolores y a quererlos, a
vivir con ellos experiencias terribles y hermosísimas. Y que si bien sabía que
toda la vida habían sido atropellados, no había tomado conciencia real hasta
que fue capitán en su territorio, viviendo a su lado.
De hecho, el
primer encuentro con los indios terminó en una gran batalla en la ribera del
Caño Caribe, en Apure, cerca de la frontera con Colombia.
Según su
relato, era común que los terratenientes acudieran al escuadrón a denunciar a
los indios, y que el cura del lugar le había advertido que hasta hacía no más
de veinte años esos mismos hombres salían a cazar indios para matarlos si no
lograban echarlos de las tierras. Pero que un día se condolió con una señora
muy pobre que los acusó de robarle dos cochinos, así que decidió ir a ver qué
pasaba. Juntó unos 15 soldados y salió. Lo primero que le impactó es que
descubrió que eran expertos en cacería de indios: sabían olerlos, seguir sus
rastros y conocían bien sus tácticas de defensa y ataque. Cuando los divisaron,
y los indios se dispersaron, tal como habían anticipado no pudieron
alcanzarlos. Sin embargo, sí le dieron alcance a una mujer que, con un niño en
brazos y un cuchillo en su otra mano, hacía esfuerzos por no ahogarse en el
Caño Caribe, que estaba intentando cruzar. Mientras él se desesperando gritando
“se va a ahogar”, el baqueano le
gritaba “Capitán, dispárele”. El
propio Chávez dice que ese día lo sacudieron dos cosas: la respuesta de los
indios al verlo uniformados, que se defendieron y huyeron como si hubiesen
visto al demonio, y la reacción de “mátelos
que son animales” de su gente. Y estuvo varios días reflexionando sobre
eso.
Mientras
contaba esto, volvía a sorprenderse de que todavía sucedan estas cosas. Que aún
es costumbre que la gente hable de “indios
y racionales” para dar cuenta de la diferencia con el blanco. Y que es una expresión que está extendida aún entre la
gente humilde, pobre y campesina.
Y así, la
indignación, el pensamiento y la acción se conjugaron. Chávez se preguntó qué
hacer para cambiar semejante situación, para cambiar la estructura social
salvaje y excluyente, profundamente enraizada en la sociedad rural venezolana.
Y así fue como terminó en la biblioteca de San Fernando de Apure, en la Oficina
Regional de Asuntos Indígenas, para estudiar la población indígena y ubicar en
un mapa dónde vivían. Se contactó con una socióloga de la Universidad Central
de Venezuela –Arelis Sumávila, de
quien se hizo amigo- que llevaba unos veinte años estudiando a los cuivas y a
los yaruros. Se dejó crecer el cabello, y se fueron juntos de expedición a
visitar a los indios, vestido de civil, y presentándose como estudiantes.
Durante
varios días vivió con los indios, tratando de entender su mundo, haciéndose
amigo. Y a las dos semanas regresó, uniformado. Después de los resquemores
iniciales, pudieron sentarse a hablar. Y así comenzó un proceso de acercamiento
que Chávez recordaba como “de adoración
mutua”.
Años
después, dos jóvenes capitanes indios estaban en Caracas el 4 de febrero de
1992, con Arelis. Cuando transmitieron la alocución de Chávez por televisión,
uno de ellos se puso a llorar, diciendo: “Ese
es Chivas Frías –nunca habían logrado pronunciar Chávez-. Yo sabía, yo sabía…”
¿Cómo fue que estos primeros pasajes de la conciencia a
la acción lo llevaron a ese 4 de febrero de 1992? ¿Qué pasó?
Adán Chávez cuenta que
por ese entonces Hugo le hablaba de una nueva conciencia en la Fuerza Armada,
de que los jóvenes como él eran diferentes, que tenían un pensamiento social y
despreciaban a la milicia gorila, enquistada, corrupta, y cómplice de los
políticos del puntofijismo –el régimen político instaurado entre 1958 y 1998,
una época oscura para Venezuela caracterizada por las constantes violaciones a
los derechos humanos-.
Hugo estaba
convencido de que los cambios debían realizarse desde dentro, así que entre
1973 y 1974 propició encuentros y conversaciones con esos jóvenes progresistas,
que se sentían en el deber de hacer algo para transformar el país.

Baduel
explica que veían que la cúpula de la Fuerza Armada, en vez de cumplir con el
servicio a la Nación y al Estado, sacaba
enormes beneficios personales. Y que lo que más los indignaba es que
esto se producía en un país muy rico en recursos naturales y con una población
mayoritariamente pobre, a la que se traicionaba con demagogias y clientelismo.
Y ya no querían ser cómplices.
Así que el 17 de diciembre de 1982, día en que se
conmemoraba la muerte del Libertador Simón Bolívar, hicieron un juramento. Durante muchos años se creyó que los juramentados habían sido tres: Hugo Chávez, Felipe Acosta Carlez y Jesús
Urdaneta Hernández. Incluso Chávez habló de “cuatro hombres de camuflaje,
juramentados en Güere” en la canción que compuso en honor de Felipe Acosta
cuando falleció –El corrío del catire Acosta-. Pero ni la Inteligencia pareció
advertirlo. Lo del cuarto hombre se conoció recién en 1999, cuando Gabriel García Márquez entrevistó a
Chávez en el avión vuelta a Caracas desde La Habana, y le preguntó sobre quién
era el cuarto hombre. Chávez, simplemente, lo señaló a Baduel. Y Gabo sonrió.
Baduel puede haber sido un amigo entrañable. Pero
su participación en la Revolución Bolivariana no fue consistente. A pesar del
juramento, no participó de las acciones del 4 de febrero de 1992. Por una
parte, porque según él mismo explicó, estaba en desacuerdo con la acción, que
consideraba prematura. Y por otra parte, porque el proyecto político le parecía
que no estaba definido. Y así fue como Baduel terminó no querido por nadie:
para la jerarquía militar era un golpista; y para sus compañeros, un desertor.
Reconoce, en cambio, que Chávez siempre se
mostró comprensivo: “Bueno, Papa, tú te
quedas dentro de la institución, sobrevives y sobrevives”, cuenta que le
dijo, dándole a entender que mantenía su confianza y que llegado el momento
podría serle útil al movimiento. Y eso fue lo que Baduel hizo. Hasta que volvió
a dejar de hacerlo.
Adán Chávez sostiene que
ya desde 1985 se hablaba con mucha fuerza de la necesidad de un levantamiento
cívico-militar para la toma del poder, aunque no había claridad respecto de
cuál era el mejor momento.
El Caracazo,
en 1989, fue aleccionador. Cuando se
produjo la división del Partido de la Revolución Venezolana (PRV) Adán se quedó
sin militancia política y sin partido, y recuerda que lo que muchos en su misma
situación hicieron fue mantener contacto con los militares progresistas. Si
bien hubo decepciones, divisiones y traiciones, luego comenzó la recuperación.
Y en diciembre de 1991 Hugo le comentó que ya estaban consolidados dentro de la
Fuerza Armada Nacional (FAN), así que la rebelión militar era inevitable.
Para Hugo Chávez, lo que ocurrió en febrero
de 1992 no fue un golpe, sino un levantamiento militar. Los golpes, decía, los
hacen los militares de la oligarquía que se niegan a cambiar el statu quo. Y
esto era otra cosa: un alzamiento militar con la voluntad de transformar
radicalmente las instituciones y darle el poder al pueblo.
Y llegó el 4
de febrero de 1992

Apenas llegó le informaron que el Teniente
Coronel Hugo Chávez Frías comandaba el asalto desde su puesto de mando
improvisado en el Museo Histórico de La Planicie, y que no se trataba de una
sorpresa. Que gracias a una delación las tropas leales al presidente esperaban
a los rebeldes, y que desde horas de la tarde el General Ochoa Antich había
ordenado detener y desarmar a todos los militares que se acercaran a una tropa
que no les correspondía o que no pudieran justificar su presencia en batallones
claves.
El presidente comprendió que su principal
recurso era la televisión si quería revertir políticamente la acción a su favor
y neutralizar cualquier apoyo que pudieran recibir los rebeldes. Se dirigió a
los estudios de Venevisión para hablarle al país: “Se ha producido un golpe de Estado”- dijo. Y por años todos los
medios repitieron lo mismo.
Doce horas después Chávez se rindió. Como en
Aragua y en Valencia se seguía combatiendo y lo más urgente era evitar más
derramamiento de sangre, se aceptó la propuesta de Chávez de hacer una
alocución pública.
Adán recuerda que ese día, como a las tres de
la mañana, lo llamó su hermano Argenis,
que estaba en Caracas, para avisarle que escuchaba tiros y sirenas, y que
Carlos Andrés Pérez estaba en la televisora. Se quedaron pendientes, y como a
las cinco volvió a llamar para comentarle que un tal comandante Chávez estaba
dirigiendo la rebelión. Argenis comenzó a angustiarse pensando si se trataría
de Hugo.
A las siete de la mañana llegó a casa de Adán
uno de los profesores de la universidad, para avisarle que en Radio Caracol de Colombia habían
anunciado que Hugo estaba dirigiendo la rebelión. Aunque Adán no les confirmó
nada hasta que Hugo salió en televisión, cerca de las once de la mañana,
siempre supo de qué se trataba.
Ronald
Blanco La Cruz, quien fue gobernador del Estado de Táchira entre 2000 y 2008,
cuenta que cuando llegó la prensa uno de los almirantes le exigió a Chávez que
escribiera lo que iba a decir. Chávez se negó y asumió la responsabilidad del
movimiento.
Contrariamente a lo que imaginaron, la
alocución de Chávez fue un triunfo político. Pocos días después de la
sublevación, las encuestas revelaban que el 60% de la población lo apoyaba. Por
eso muchos partidarios –e incluso algunos enemigos- creen que este discurso fue
el primero de la campaña electoral que lo llevó a la presidencia de la
República poco menos de nueve años después, y dos de cárcel mediante.
Todos coinciden en que la clave estuvo en dos
palabras: por ahora.
Chávez fue llevado prisionero al cuartel de
San Carlos, pero como iban cientos de personas por día a visitarlo, y
estuvieron a punto de tumbar la cerca de alambre, lo trasladaron a la prisión de Yare un mes o mes y medio
después del levantamiento.
Baduel recuerda que
como en abril o mayo de 1992, lo invitaron a una reunión para planificar un
golpe para noviembre. En esa reunión les advirtió a los presentes que
sospechaba que se trataba de una trampa: pensaba que el levantamiento estaba
siendo propiciado por las mismas instancias del gobierno para acabar con los
reductos rebeldes que habían quedado.
De hecho, sostiene que justamente la prueba
de esta propiciación es que no intentaron apresarlos antes del 27 de noviembre,
porque buscaban matarlos a todos. Y siente que el tiempo le dio la razón cuando
denunció en la asamblea plenaria que había gente infiltrada: muchos de los allí
presentes aparecieron en el bando contario durante intento de golpe al gobierno
de Chávez en abril de 2002.
Con la policía atrás y con Hugo en la cárcel,
ya desde mediados de 1992 habían comenzado a recorrer el país. El apoyo popular
iba en aumento, los locales de reunión no daban abasto, y las muestras de
solidaridad eran extraordinarias. Baduel dice que “uno sabía que la policía andaba por ahí, pero nos protegía el pueblo”.
Cuenta que fue ahí donde comenzó la
historia de las camisas y las boinas
rojas, que al principio se usaban de manera casi clandestina, pero que luego
haría furor durante la primera campaña presidencial, después de la salida de
Yare.
Y que también allí comenzó la historia de los
papelitos. Como en Yare se había buscado limitar la presencia de militares y
amigos, su hermano Adán se transformó en correo. Llegaba los viernes a Caracas,
se veía con ellos –generalmente en torno del Parque Central pero siempre en
diferentes puntos porque sabían que la policía los seguía- y de allí iba a
Yare, llevando los mensajes en papelitos enrollados dentro de lapiceras.
Incluso en una ocasión, aprovechando cuando
Hugo estuvo en el Hospital Militar –cinco o seis meses antes de su salida
definitiva- para operarse de una carnosidad en la vista, lograron introducir
una cámara de televisión, por partes, y la armaron dentro. La periodista Laura
Sánchez –después fallecería en un accidente- logró entrar haciéndose pasar por
una prima y le realizó una entrevista.
Claro que los correítos en papeles enrollados
dentro de lapiceras, la cámara desarmada y vuelta a armar, y las personas
simulando ser otras no hubiesen sido posibles si los guardias no hubiesen
querido hacer la vista gorda. Adán recuerda que la mayoría era muy amable y
que, incluso, le pedían “Salude a mi
comandante” y le mandaban ellos también papelitos cuando no podían verlo.


Por esos días Pérez Arcay afirmaba que
mientras Chávez viviera sería un peligro para los mediocres, los ambiciosos y
los oportunistas. Y que, sin ser un hombre perfecto, era –indiscutiblemente- un
continuador coherente y lúcido del pensamiento de Bolívar. Por eso, su batalla
principal no era contra la oligarquía nacional, sino que la gran batalla era
contra el imperio. Pero para eso, todavía, faltaba.
Ya libre, Chávez comenzó una campaña para que
la gente se abstuviera de votar en las próximas elecciones, alegando que era la
mejor manera de demostrar que ya no se querían esas políticas económicas ni
sociales.
En medio de un contexto marcado por el colapso
de los partidos tradicionales, un creciente rechazo popular a las medidas
políticas y económicas del gobierno, y con el apoyo de algunos políticos
reconocidos, Chávez decidió iniciar su
propio movimiento político: el Partido Movimiento Quinta República (MVR). En
diciembre de 1994 se reunió con Fidel Castro, y entre 1995 y 1997 recorrió
Venezuela explicando su proyecto político.
Hugo Chávez asumió su primera presidencia el
2 de febrero de 1999, durante la cual se aprobó la nueva Constitución.
Fue durante su segundo período presidencial,
entre 2001 y 2007, que tuvo que sortear una fuerte polarización como
consecuencia de las nuevas políticas sociales y económicas, que lo obligó a
atravesar un intento de golpe de Estado que casi le cuesta la vida. En la noche del 11 de abril el presidente
Chávez fue presionado por los militares que lideraban el golpe, quienes le
exigían entregarse y renunciar, o atacarían el palacio presidencial, rodeado de
civiles chavistas.
El entonces General de División Raúl Isaías Baduel cuenta que en una
comunicación telefónica, en medio de los incidentes, Chávez le pidió “Papa, lo único que te pido, hermano, más que
ordenártelo, es que ni tú ni la brigada se conviertan en factor de
derramamiento de sangre de inocentes”. Cuando al poco rato salió la
información de la supuesta renuncia del Presidente, Baduel intentó comunicarse
nuevamente. Pero ya no pudo hacerlo.
En horas de la tarde, Pedro Carmona
–presidente de Fedecámaras- se autojuramentó como presidente interino, y acto
seguido derogó las leyes habilitantes, disolvió el Parlamento, el Tribunal
Supremo de Justicia, la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo, y se otorgó a sí
mismo poderes por sobre la Constitución Nacional. Muchos de quienes se habían
manifestado en oposición a Chávez le retiraron su apoyo, y los catorce jefes de
Estado latinoamericanos que estaban reunidos en la XVI Cumbre de Río condenaron
el golpe e instaron a Venezuela a volver al orden constitucional.
Colombia fue el único país latinoamericano
que reconoció a Carmona como presidente. No llama la atención, dada su
alineación con EE.UU. que, se sabría después, había participado activamente en
el golpe. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional no tardó en manifestar
su apoyo y ofrecer sus buenos oficios. Quedaba claro que el foco del golpe
estaba puesto en el interés por el petróleo venezolano y el enojo por el modo
en que Chávez lo estaba usando.


Los comandantes de unidades que habían
escuchado el juramento de Carmona se dieron cuenta de que estaban frente a un
golpe de estado, y presionaron al General
Vázquez Velasco diciendo que si no actuaba, actuarían ellos. En una
entrevista, Vázquez Velasco intentó salir del paso afirmando que había tratado
de ubicar a Cabello para que se hiciera cargo de la transición, a lo que
Cabello respondió que en Venezuela no habría transición sin Chávez, y que
mientras lo mantuvieran secuestrado, el Presidente era él.
Carmona, sin poder hacerse cargo de lo que
había generado, renunció. Y William
Lara, presidente de la Asamblea Nacional, ratificó que si no estaba Chávez,
el Presidente era Cabello.
Así comenzó una nueva odisea para Diosdado
Cabello: tratar de llegar al Palacio de Miraflores desde el monte, donde estaba
oculto. Es que resulta que el pueblo había bajado de los cerros y tenía cerrada
la autopista con cerca de catorce barricadas, camiones, basura, palos. Habían
armado un plan de defensa de forma totalmente espontánea, sin un líder, y
reclamaban por el regreso de Chávez, dispuestos a lo que fuera.
Carlos
Aguilera,
quien viajaba con él, se asomaba por la ventanilla de un auto que habían
conseguido y gritaba “Es Diosdado, llevo
a Diosdado aquí”. La gente pedía verlo, y
él se asomaba anunciando que necesitaba llegar a Miraflores para recibir la
vaina presidencial, y que Chávez ya venía.
Esas
palabras eran como un “ábrete, Sésamo”.
La gente quitaba la basura, los palos, lo que fuera.
En uno
de esos retenes, se lo encuentran al General
Chourio que venía a su encuentro en una ambulancia llena de escoltas.
Envolvieron a Cabello en una sábana blindada y lo subieron a la ambulancia, en
la que también venía Otto Neustald, para que filmara todo. La gente alrededor
gritaba y lloraba de la emoción.
Diosdado
Cabello fue presidente durante cinco horas y quince minutos. Entró a Miraflores
a las 20:45hs y le entregó el gobierno a Chávez a las 3:00 hs.
Luis Reyes Reyes,
quien fue gobernador del Estado de Lara durante tres períodos consecutivos y
Ministro de Secretaría de la Presidencia de Chávez, especula que la única razón
por la que no asesinaron a Hugo Chávez el 11 de abril de 2002, fue por temor al
pueblo. Está seguro de que pensaron que era más fácil controlar al pueblo con
un Chávez vivo, que con un Chávez muerto.
Hugo Chávez, por
su parte, expresó que lo que más le dolió del golpe fueron los inocentes que
cayeron frente al Palacio, abatidos por los francotiradores. Pero que los
traidores le dolieron también.
En una
entrevista que dio para el libro Chávez
Nuestro recordó que Carlos Marx decía que a la revolución le hace falta el
látigo de la contrarrevolución. Que el látigo duele, pero enseña si el dolor se
transforma en fuerza.
En
2012 ganó nuevamente las elecciones presidenciales, por el 54% de los votos y
con más de 10 puntos de diferencia sobre Capriles, iniciado su cuarto mandato
presidencial –que nunca llegó a asumir-.
¿Qué tipo de política promovió Chávez durante sus
presidencias?
Chávez parece haber estado
siempre muy consciente de que la Revolución hay que conducirla a través de la
relación directa con los pobres, atendiendo sus reclamos y dándoles garantías
para que puedan tener al conocimiento –como fuente de independencia- y para que
se liberen del triple yugo de la ignorancia, la tiranía y el vicio –como diría
el Libertador Bolívar-.
Por
eso su gobierno ha priorizado las misiones, que son la expresión más clara de
su vínculo con el pueblo.

Entramado
en esta red de significaciones, el concepto de Defensa Integral propiciado por Chávez se vuelve claro en su
sentido estratégico. Chávez ha contado que este concepto fue inspirado por una
reflexión de Fidel Castro en Radio Habana Cuba cuando ocurrió el golpe de Estado en Chile y
la muerte de Allende: “Si cada trabajador,
si cada obrero, hubiera tenido un fusil en sus manos, el golpe fascista chileno
no se da”. Desde entonces, esas palabras se convirtieron en una consigan.
Su
concepto de Defensa Integral se basa en tres ideas o ejes esenciales: el
fortalecimiento de la Fuerza Armada, la unión cívico-militar y el movimiento
popular. El concepto de Defensa Integral no hay que verlo desde la literalidad
de que cada persona va a tener un fusil; sí reconoce la necesidad de preparar a
los reservistas, enseñar al pueblo a defenderse, y adiestrarlo ante una
situación difícil.
Chávez
sentía que el peligro del acecho norteamericano está más presente que nunca,
sobre todo a partir de sus conflictos con Iraq y el Medio Oriente, teniendo el
petróleo venezolano tan cerca. Y los hechos parecerían darle la razón: los
oficiales implicados en el golpe de Estado y comprometidos con la
contrarrevolución estaban íntimamente conectados con la embajada y el gobierno
norteamericanos. La mayoría de ellos se fue, y colaboró en mucho la decisión de
sacar la Misión Militar norteamericana de Fuerte Tiuna, que fue respaldada por
la mayoría de los oficiales: ellos fueron quienes diseñaron el proyecto de
hacer allí una escuela y pensaron en la posibilidad de traer al lugar a los
indios y pobres para que estudien y puedan disponer de los dormitorios. Es
decir: una escuela-albergue para los más humildes.
Chávez
creía que EE.UU. insistirá, y por eso instrumentó estrategias para que
encuentre una gran resistencia dentro de la Fuerza Armada, sostenida en una
gran fortaleza ideológica, doctrinaria y nacionalista.
Diosdado Cabello
reflexiona que el petróleo venezolano,
además de despertar la codicia de su vecino imperialista, debería darles
prosperidad pero, en cambio, les ha traído codicia, desidia y miseria: los
acostumbró a ser flojos y a depender sólo de él.
Venezuela
se ha expresado varias veces frente al gobierno estadounidense en favor de
promover relaciones bilaterales transparentes y respetuosas, sosteniendo ser un
proveedor seguro: vende diariamente a EE.UU. 1,3 millón de barrilles de
petróleo y existen en aquel país 14 mil estaciones de servicio que expenden
gasolina producida por refinerías venezolanas. Sin embargo, EE.UU. –más brutal
o más sutilmente- ha perseverado en destratar al gobierno venezolano y a la
figura de Chávez en especial, lo que ha derivado en la expulsión de dos de sus
diplomáticos apenas ocurrido su fallecimiento.
Esta
es la raíz fundamental del discurso antineoliberal de Hugo Chávez, y el intento
de buscar vías de crecimiento económico mixto de desarrollo social, donde
participe el capital privado, pero atendiendo a un hecho incorporado a la
Constitución: la no venta de PDVSA ni de las empresas básicas.
A este
antineoliberalismo/antiimperialismo
se le suma una visión del mundo pluripolar,
de la integración de América Latina y el
Caribe, de acercar el MerCoSur a la Comunidad Andina de Naciones, de
enfrentarse al ALCA.
Asimismo,
la percepción que se ha ido fortaleciendo a lo largo de los años es que el modo
de construir en esta dirección va de la mano de la necesidad de democratización de un aparato mediático
que se opone brutalmente al gobierno y sus políticas. La convicción es que los
venezolanos han sido víctimas de un proceso de domesticación por parte de los
medios de comunicación, que ha agredido la identidad de los países
latinoamericanos y provocado una paulatina transculturación. Como forma de
contrarrestarlo se ha promovido una vuelta a la identidad nacional, a los
símbolos patrios, al folklore, las tradiciones, la defensa de la identidad
venezolana con sus mitos, leyendas y sus héroes.
De
algún modo, los mismos medios han contribuido a su propio desprestigio: la
gente vio en ellos cómo derrocaron a Chávez el 11 de abril de 2002, cómo los voceros estadounidenses lo
festejaban abiertamente en todos los canales de televisión, y cómo los
agregados militares de su embajada entraban a Fuerte Tiuna para reunirse con
los golpistas. Por eso han acuñado la frase “cuando los medios mienten, las
paredes hablan”.
En
esta búsqueda de que el petróleo se traduzca en prosperidad y no en codicia,
desde 2003 se han estado utilizando los ingresos petroleros para promover el
desarrollo humano, a través de programas financiados por el Estado y conocidos
como misiones sociales.
Estos
programas, financiados por la PDVSA, están diseñados para cubrir las
necesidades básicas de la población a través de programas que brindan acceso
gratuito a servicios de salud, nutrición, educación, vivienda, capacitación
laboral, entre otras áreas.
Las
misiones sociales se han convertido rápidamente en un aspecto apreciado de la
Revolución Bolivariana de Venezuela: son la bandera de la administración del
presidente Hugo Chávez.
Las
misiones se subdividen en tres grandes grupos:
1.
Las educativas, que van desde
instruir analfabetas (Misión Robinson I), dar educación básica (Misión
Robinson I), dar Educación Media (Misión Ribas) y dar a los
beneficiados estudios universitarios (Misión Sucre), por lo tanto una
misión educativa puede depender de otra.
2.
Las de aspectos alimentarios y
servicios básicos, que van desde la dotación de zonas de pobreza de
ambulatorios eficaces y otros servicios médicos asistenciales (Misión Barrio
Adentro), el embellecimiento de lugares públicos (Plan Bolívar 2000,
ya concluido), la construcción de viviendas para cubrir el histórico déficit
habitacional del país (Misión Hábitat), hasta una mejor distribución y
almacenamiento de alimentos a precios más accesibles por medio de mercados y
supermercados (Misión Mercal).
3.
Y misiones misceláneas, que
incluyen la mejora de las condiciones de las etnias minoritarias y marginadas,
representadas en los indígenas (Misión Guaicaipuro), agilización del
trámite de los documentos de identidad del ciudadano común (Misión Identidad),
y la promoción de las actividades agrarias para reducir la excesiva
urbanización del país (Gran Misión AgroVenezuela).
En
2011 el gobierno lanzó cinco grandes
misiones sociales para contribuir con el trabajo de programas ya existentes
y alcanzar objetivos específicos en áreas como salud, empleo, vivienda,
seguridad social y agricultura.
En
conjunto, todas las misiones sociales están orientadas a reducir la pobreza y
la desigualdad, dos problemas relacionados que aquejaron a Venezuela durante
largo tiempo. A través de estos programas se proporciona ayuda y oportunidades
a sectores históricamente marginados, incluyendo zonas urbanas y rurales
pobres, pueblos indígenas, madres solteras, personas con discapacidad,
trabajadores del sector informal, entre otros.
Entre
1999 y 2011 el gasto social del gobierno ocupó más del 60% de los ingresos
fiscales, casi el doble de la cifra invertida en décadas anteriores. Y los
resultados son claros:
Un problema serio, como en la mayoría de los países del mundo, en especial lo de economías emergentes, es la inflación. A pesar de ello, en los últimos años han habido algunos avances en su control:
A pesar de que se están mejorando los indicadores de delincuencia, el problema más grave, por las dificultades para el abordaje de las posibles causas a las que lograron asociarlo (hechos políticos), es el índice de homicidios:
El aumento del gasto social del último año -significativamente más alto que la evolución de la inflación- se ha concentrado en estos indicadores. Entre
las misiones recientemente creadas se destacan Misióna Toda Vida Venezuela, para combatir la inseguridad (desde junio de 2012).
Y la Misión Madres del Barrio, que
desde 2006 tiene por objeto apoyar a las amas de casa que se encuentran en
estado de necesidad, a fin de que logren –junto con sus familias- superar la situación
de pobreza extrema y prepararse para salir de la pobreza en su comunidad,
mediante la incorporación de programas sociales y misiones, el acompañamiento
comunitario y el otorgamiento de una asignación económica. La idea es promover
su incorporación a las actividades productivas y ayudarlas a organizarse para
participar activamente del desarrollo del país.
Los convenios de cooperación siguen el
espíritu de las misiones, en otros países. No fue gratuito que un emocionado
Pepe Mujica –en una sentidas palabras en honor a Hugo Chávez- expresara que fue
el jefe de Estado más generoso que conoció.
Con Cuba Venezuela ha firmado los convenios
más reconocidos internacionalmente: la Misión
Barrio Adentro, y la Misión Milagro
Venezuela e Internacional, con el objetivo de formar un frente común contra las
desigualdades, la exclusión y la miseria que reinaba en Venezuela. Por la
primera, se promueve la construcción de un sistema nacional de salud pública
que garantice la atención integral aún a los lugares más alejados de los
centros urbanos. Por la segunda se provee el tratamiento médico quirúrgico para
recuperar la vista.
Venezuela ha recibido, además, como beneficio
la formación de médicos para la satisfacer la demanda de médicos en los países
pobres.
Con Argentina ha firmado 25 acuerdos de
cooperación comercial y energética, entre otras. La mayoría de ellos están
orientados a la participación de PDVSA con diversas empresas argentinas en el
intercambio tecnológico, así como la creación de compañías mixtas para la
potenciación del gas natural vehicular.
Además
de otros convenios de cooperación con diferentes países, no puedo dejar de
recordar la creación de Petrocaribe
en 2005, como esquema de cooperación energética y social solidario. Los
integrantes de la alianza pueden comprar petróleo a PDVSA a precios de mercado,
haciendo un pago inicial de sólo el 5% y el remanente durante 25 años, a una
tasa de interés del 1%. Petrocaribe es un motor esencial para el desarrollo
económico de toda América Central y el Caribe.
Volviendo
a la mirada pluripolar que asume la política exterior de Venezuela, entre los
grandes objetivos históricos y nacionales que Chávez proyectaba en su Programa de la Patria 2013-2019, se propone contribuir al desarrollo de una
nueva geopolítica internacional para lograr el equilibrio que garantice la paz.
Por ello Venezuela se propone continuar desempeñando un papel protagónico en la
construcción de la unión latinoamericana y caribeña, fortaleciendo el ALBA y
dinamizando los nuevos espacios como la UNASUR y la CELAC. Pero también se
propone abrirse a los países del grupo BRICS.
Uno
de los puntos respecto de estos objetivos se refiere a la formación de los
cuadros que impulsarán estos espacios estratégicos de integración y cooperación
regional, lo que habla –una vez más- de la importancia que Chávez le confería a
la educación como condición para la participación política
Otros
se refieren al fortalecimiento del Banco del Sur como institución para la
integración financiera regional, y a la generación de una política permanente
de financiamiento solidario para el impulso de encadenamientos económicos
productivos con América Latina y el Caribe, para alcanzar la independencia
económica, productiva y alimentaria regional.
En
relación directa con su experiencia con las corporaciones mediáticas, le dedica
una especial atención a los medios de comunicación públicos, como Telesur y
Radio del Sur, para garantizar el reconocimiento de los procesos políticos de
la región.
Por
si no quedara suficientemente clara la concepción chavista respecto la
integración regional con un sentido de Patria Grande, se propone como otro de
los objetivos consolidar a Venezuela como proveedor de cooperación solidaria,
sin pretensiones hegemónicas y bajo el principio de autodeterminación de los
pueblos y la defensa de las minorías étnicas y los pueblos originarios.
Quiero
destacar aparte los que la política chavista considera objetivos nacionales,
porque muestran el alto grado de cohesión y coherencia interna. Copio
textualmente:
4.4.1. Deslindar a Venezuela de
los mecanismos internacionales de dominación imperial.4.4.1.1. Denunciar los tratados multilaterales que limiten la soberanía nacional frente a los intereses de las potencias neocoloniales (Sistema Interamericano de Derechos Humanos, etc.).
4.4.1.2. Denunciar los tratados y acuerdos bilaterales que limiten la soberanía nacional frente a los intereses de las potencias neocoloniales (promoción y protección de inversiones).
Comencé este
¿artículo? ¿nota? escribiendo que no quería escribir. Ahora estoy contenta de haberlo
hecho. Sigo sintiéndome conmocionada por su enfermedad, su prematura muerte, el
dolor de su pueblo. Sigo sintiéndome conmocionada por mi propio dolor, del que
me he apropiado. Ya no me siento intrusa. Porque ya no soy una extranjera en su
pueblo.
Es cierto,
no fui –y por ello ya no puedo ser- una chavista de la primera hora. Pero
también es cierto que, en cuanto comencé a prestarle atención, Hugo Chávez
Frías me fascinó.
Todo en él
llama a la fascinación. Su vida parece una novela épica del siglo XIX, y de las
buenas. Ha sido un hombre de una mente brillante, una inteligencia clara, comprometido
con un proyecto colectivo, y de un corazón amoroso para con su gente. Su
pueblo. Ese del que, a través de la Patria Grande, de la Patria Bolivariana,
también yo soy parte.
Durante
estos años me he asomado al misterio de este hombre –sucesivamente- con recelo,
con curiosidad, con fascinación, y con admiración. Hoy me descubro con la fe de
los conversos. Ese tipo de fe en la que sólo hay lugar para abrirse al
compromiso y al amor.
Diosdado Cabello describió magistralmente esa sensación: “Hay que estar junto a Chávez en una manifestación para vivir una
experiencia mágica. A su lado recibes la energía de un pueblo enamorado de su
líder. Eso es amor, chico, en un país cuyos gobernantes estaban tan
desprestigiados y tan alejados del ser humano común.”
Chávez fue más preciso: “Sencillamente soy un revolucionario”.
Por
Viviana Taylor
Bibliografía:
Elizalde, Rosa Miriam; Báez, Luis: Chávez Nuestro. Casa Editora Abril. La
Habana . Cuba. Circa 2004.
Chávez Frías, Hugo: Programa de la Patria 2013-2019.
Propuesta del Candidato de la Patria Comandante Hugo Chávez para la Gestión
Bolivariana Socialista 2013-2019.
Le Bolivarien.
Periódico Informativo del Consulado de la República Bolivariana de Venezuela en
Montreal. Número 17. Enero-Mayo 2012
Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo. Índice de Desarrollo Humano2011.