Una pochoclera
Una historia de
entuertos nacionales,
provinciales y
locales
Por Viviana Taylor

Y es que mientras Mariu no se
cansa de recorrer la provincia intentando seducir (¿convencer? ¿negociar?
¿extorsionar? ¿apretar?) intendentes para que se sumen a Cambiemos, Mauri le
quiere modificar las reglas del juego con el voto electrónico.
Y Mariu entiende que no le
conviene cambiar las reglas ni cambiar de juego cuando ya tiene las fichas sobre
el tablero y en marcha su próxima movida.
Es justo acá que entra en juego la conexión local: el exfpv-exmassista-(por ahora)PRO (qué manera de hacer turismo político la de este muchacho) intendente de San Miguel en uso de licencia Joaquín De la Torre, quien asumió en el ministerio de Producción provincial aunque su rol dentro del gabinete tiene un claro perfil político: su objetivo es lograr que otros intendentes se sigan sumando a Cambiemos.
Por eso, ahora que tiene un
piso de intendentes que espera seguir ampliando sobre la base de promesas (provisión o retaceo de recursos, según sea la vereda en
que se paren) y los buenos oficios de Joaco, Mariu prefiere competir en 2017 con la boleta de papel.

Como si fuese poco, está
segura de que las únicas fuerzas políticas con poder de fiscalización son
Cambiemos y el FpV: ¿para qué concederle este respiro de la boleta única
electónica a Massa, donde pueden seguir tijereteándole poder? Si quiere los votos, que se los cuide...
Aunque hasta ahora no se había hablado mucho de ella, esta no es una historia nueva. De hecho, cuando todavía se sentían fuertes y eternos omnipotentes, y
creían al kircherismo muerto y a Massa debilitado, Vidal, Jorge Macri y
Emilio Monzó ya le habían planteado su rechazo a la boleta única electrónica
a Marcos Peña durante una cena en las primeras semanas de su gestión de
gobierno. Por entonces, la respuesta del jefe de Gabinete fue que -como el Quini6-
sale o sale. Respuesta que sigue sosteniendo a pesar de que está claro que hoy el escenario es distinto.

Quizás no sea mala idea ir poniendo las barbas a remojar.
Así, hoy el peligro para las intenciones y expectativas de Mariu es
doble:
Estos intendentes bonaerenses
(conocedores como pocos de la política territorial, la del llano) que se han
mostrado tan afectos a cambiar los colores de sus banderas, siempre se han
mantenido leales a sus convicciones: no siguen líderes ni proyectos sino
votos. Y las políticas nacionales y provinciales les están haciendo estallar sus municipios: una verdadera sangría de posibles votantes.
Como si fuera poco, a muchos de ellos -¿la
mayoría? ¿todos?- no les ha caído nada bien la
limitación de su reelección. Si estas políticas de hambre dejan algo por salvar, no será a ellos que les toque capitalizarlo. No gracias a quien busca acercarlos o mantenerlos en su redil.
Para Mariu no son tiempos para
arriesgarse. Y menos con una discutible, polémica, boleta
única electrónica, con la que ni siquiera está de acuerdo.
Sólo queda por sentarse a ver
cómo construirá poder desde la provincia el sanmiguelino. Y a quién
beneficiará.
Sólo cabe esperar que -elija a viejos o nuevos aliados- se mantenga leal a sí mismo. Como ha venido haciendo.