domingo, 1 de junio de 2014

A un año del femicidio de Laura Iglesias


La voz de Laura sigue clamando justicia
 
 
Por Viviana Taylor
 
Laura era como tantas otras mujeres. Parecida a todas, parecida a ninguna.

Era como tantas otras mujeres: parecida a todas en su vulnerabilidad. Una vulnerabilidad que nace del silencio y del ocultamiento. Una vulnerabilidad que se gesta y crece en una forma de violencia de la que se habla mucho y se dice poco. Una forma de violencia sobre la que se hace casi nada.

Laura era como tantas otras mujeres: parecida a ninguna. Cuando la violencia se descargó con furia sobre ella, no fue el puño de una pareja que se creyó dueño de su vida y se apropió de su muerte. No la condenaron la repetición de la comida que no satisface a la angurria siempre insatisfecha, ni de la camisa sin planchar el cuello que se pretende almidonado para simular una cabeza erguida de orgullo, ni del bullicio de los niños que no entienden que el hombre de la casa necesita dormir la siesta. No hubo nada de eso en la furia que se descargó sobre ella.

Laura, cuenta su hermana Alicia, era como ninguna. Años caminando junto a quienes no todos quieren caminar, iluminando oscuridades que a otros hacen huir, la hicieron única. Única en su disponibilidad y capacidad para acompañar a esos muchachos a los que tutelaba, y cuyo respeto sabía ganarse. “Ella sabía cómo hablarles, un joven sólo no la habría atacado de esa manera”, cuenta Alicia. Y su voz se quiebra. Pero se repone: ella es ahora la voz de su hermana Laura. La voz de Laura, que hace un año necesita de otras voces para contarnos qué le pasó y pedir Justicia. Porque lo que a Laura le pasó viene pasando hace demasiado tiempo. Y ya no podemos seguir permitiéndolo.


¿Qué le pasó a Laura Iglesias?

Laura era oriunda de Hurlingham (Pcia de Buenos Aires) pero trabajaba en el Patronato de Liberados Bonaerense en Miramar, donde se había mudado hacía un par de años.

Estaba desaparecida desde el miércoles 29 de mayo, cuando viajó para buscar su auto, que había dejado luego de sufrir un desperfecto técnico.

Al día siguiente, el 30 de mayo, fue encontrada sin vida en el Parque Bristol, apenas a dos cuadras de donde había dejado su vehículo. En principio, se dijo que no le habían robado nada.



La autopsia reveló que Laura fue abusada de múltiples maneras: fue golpeada y ultrajada, y se la ahorcó con el cordón de su propio calzado izquierdo. Luego, fue vestida, su ropa fue acomodada aunque con desprolijidad, y se la ató a un arbusto. Durante la autopsia se descubrió el ADN de un agresor en el cordón con el que había sido estrangulada, que se cotejó con el de un joven de 20 años con antecedentes por violación, que ya había sido aprendido pocas horas después del hecho, acusado de haberle robado el estéreo de su automóvil. Además, se halló el perfil genético de la Laura en la ropa interior y un pantalón del detenido.


Más dudas que certezas

Lo que en principio se consideró un importante paso hacia el esclarecimiento del brutal crimen contra Laura, hoy parecería haberse dirigido más hacia su ocultamiento.

Lo que se sabe:

1.     Según el estudio genético realizado por la Policía Científica, se halló una muestra de ADN del detenido en el cordón con el que se la estranguló a después de ser violada en un descampado del Parque Bristol, en las afueras de la ciudad de Miramar. En el mismo estudio se consignan golpes en el cráneo y lesiones anales y vaginales compatibles con una violación, y lesiones que confirman que Laura luchó para defenderse. La profusión y cantidad de golpes (y esto corre por mi cuenta, pero también lo sostienen sus compañeros de trabajo) puede ser calificada como tortura, así como el modo en que fue estrangulada.

2.     Del mismo modo, se hallaron rastros del perfil genético de Laura Iglesias en el bóxer y un pantalón del detenido, secuestrados durante el allanamiento efectuado el jueves 30 de mayo en la vivienda que ocupaba, a dos cuadras del lugar en que apareció el cuerpo.

3.     El único detenido –Esteban Cuello, un joven de 20 años con antecedentes por violación- fue aprendido por el robo del estéreo del automóvil de Laura (según los primeros informes, no le faltaba nada, así que se presume que no se le habría sustraído ninguna otra cosa), pero luego de que las pericias de ADN lo incriminaran, fue acusado por el fiscal Rodolfo Moure –a cargo de la Fiscalía Descentralizada, por entonces con jurisdicción sobre Miramar- por el delito de abuso sexual seguido de muerte y robo.

4.     Esteban Cuello no estaba bajo su tutela.

5.     En el peritaje forense sobre el cuerpo de Esteban Cuello no se consignaron lesiones compatibles con las producidas contra el cuerpo de Laura Iglesias, ni producto de las que ella podría haberle infligido cuando se defendió, como quedó consignado en el informe al que hace referencia el punto 1.

 

Lo que genera dudas:

1.     ¿Es posible que un único hombre pueda provocar tanto daño a una mujer –y eso sin considerar su pericia para tratar con jóvenes en conflicto con la justicia- sin recibir él mismo algunas heridas?

2.     No se realizaron todas las pericias genéticas sobre todas las prendas de vestir de la víctima. ¿Podría haber en ellas otros perfiles genéticos, además de los del imputado?

3.     ¿Por qué el Patronato de Liberados Bonaerense se refiere a la violación y tortura seguida de muerte de Laura Iglesias como un “fallecimiento”, negando así el grado de desprotección con el que las trabajadoras se enfrentan a las problemáticas sociales del grado de deshumanización y extrema violencia en la que viven sectores excluidos? Romina, una compañera de trabajo, en charla con ANRed, el 4 de junio de 2013 decía que: “era una compañera que activaba mucho. Apareció muerta lamentablemente, y eso nos hace repensar nuestra tarea, cuando salimos a trabajar estamos solas, desprotegidas. Hace tiempo que venimos planteando lo mismo y pedimos soluciones. Cuando hacemos estos reclamos nos quieren mandar un integrante del servicio peninteciario para que haga de seguridad y nosotras no queremos ser cuidadas por el aparato represivo”.

4.     Una fuente cuya identidad preservo conversó con Laura uno o dos días antes de su desaparición. Como la notó preocupada, le preocupó qué le estaba sucediendo. Cuenta que Laura le confesó que estaba afligida, pero que no era nada de índole familiar sino que estaba vinculado con algo que no llegó a precisar. Cuando revela esta charla, también cuenta que en otras ocasiones Laura –reservándose nombres y cargos- le había manifestado estar afligida porque alguno de sus tutelados era presionado por personal de seguridad corrupto para continuar delinquiendo. Y dejó flotando como conclusión: “como le pasó a Luciano Arruga”. Quienes estaban presenten no necesitamos de mayores aclaraciones.

5.     Una de las compañeras de trabajo de Laura visitó a Cuello en la cárcel. Él le confesó haberla violado, pero no matado. Nunca quiso declarar. La sospecha es que fue llevado por la policía al lugar del hecho, y obligado a participar.

6.     En el año 2008, en Santa Teresita, ocurrió otro femicidio con características semejantes: Mara Mateu también fue violada y estrangulada con uno de los cordones de su zapatilla, y apareció en forma similar a la que se encontró a Laura. Por este hecho hay dos hombres condenados a prisión perpetua, pero los padres de Mara sospechan lo mismo que la familia de Laura: la participación policial y el encubrimiento de los posibles involucrados.

 

El 29 de octubre de 2013, cuando se cumplieron 5 meses del asesinato, los trabajadores y trabajadoras de ATE exigieron justicia en los juzgados de Morón y Mar del Plata, y denunciaron que la Policía Bonaerense no garantizaba transparencia en la investigación.

Ese día hicieron entrega de un comunicado dirigido a Scioli, Casal y López titulado “Tu ahorro es nuestra muerte” – Justiciapara nuestra compañera Laura Iglesias, en el que advertían que si bien el Fiscal Rodolfo Moure quería cerrar la investigación y elevar la causa a juicio, junto con la familia de Laura estaban convencidos de la falta de transparencia en la investigación. A las dudas antes mencionadas, suman denuncias:

7.     Que en el expediente figura que el coche apuntaba hacia Mar del Plata, cuando lo hacía hacia Miramar.

8.     Que se hayan obtenido pruebas de ADN en 24 horas.

 

A pesar de los constantes reclamos respecto de que hay importantes líneas de investigación que no han sido tenidas en cuenta, el pasado mes de abril  la Fiscalía marplatense solicitó la elevación a juicio del único imputado del caso. Así, el fiscal Rodolfo Moure prefirió privilegiar el cierre de la investigación antes que ahondar sobre las seguras coautorías y complicidades, y que se cumplan en tiempo y forma las promesas realizadas por la Fiscalía en torno de la investigación.

La causa ya fue elevada a juicio oral por el Juez Juan Tapia, del Juzgado de Garantías 4. Y aunque a los 6 meses del hecho –por pedido de la familia y los compañeros de trabajo de Laura- separó de la investigación a la Policía Bonaerense, expresó en diálogo con Infojus Noticias que “objetivamente en el expediente no hay elementos para pensar en una coautoría”.  Pero abre las puertas a la posibilidad de que en el debate oral surjan nuevos elementos para la actual fiscal de Miramar, Ana María Caro, continúe con la investigación.

Por su parte, en una entrevista con Radio Brisas el pasado 29 de mayo, Carlos Díaz –ATE Mar del Plata- anunció que conjuntamente con la familia de Laura Iglesias y sus compañeras de trabajo se presentarán como amigos del tribunal en la causa, presentando una serie de sugerencias que avalen la existencia de otras personas implicadas en el asesinato, además del imputado Esteban Cuello. Uno de los puntos

de Carlos Díaz en “Brisas Primera Edición”

 


Manuel Iglesias, hermano de Laura, así se refirió al tema en una charla con Víctor Hugo Morales a un año de su asesinato: entrevista

 




Femicidios en Mar del Plata:

Donde Laura es una entre tantas

Comencé escribiendo que Laura era como tantas otras mujeres. Mujeres a las que se pareció en su vulnerabilidad, y revictimizada por el silencio y el ocultamiento.

Pero, a diferencia de ellas, Laura tiene un nombre. Y una familia. Y unas compañeras de trabajo. Y un gremio que se ha movido, indignado y dolido. Laura tiene muchas voces que ponen palabras que rompen con el silencio y el ocultamiento.

http://www.artemisanoticias.com.ar/images/FotosNotas/Femic%20e%20Imp%20chejter05.pdf
 
Femicidio e impunidad es un libro imprescindible para comprender qué es el femicidio y cuáles son las características de la violencia de género en Argentina.

El femicidio es, todos los días y en todas partes del mundo, un conjunto de relaciones naturalizadas en la cultura patriarcal, donde la violencia, el silencio y la impunidad rigen como ley primera.

Una de las investigadoras que han participado en su redacción, Marta Fontenla, sostuvo en su investigación Femicidios en Mar del Plata, que la violencia masculina es sostenida y reproducida por el Estado “no sólo omitiendo tomar medidas para prevenirla y proteger a las mujeres contra ella, sino también manteniendo la impunidad de los perpetradores e incluso directamente a través de sus instituciones y de los funcionarios”.

La investigadora focaliza sobre los crímenes y desapariciones de las mujeres en situación de prostitución en Mar del Plata y sobre los de otras que no lo estaban pero cuyas muertes siguieron el mismo patrón, favorecido por la impunidad.

En Mar del Plata se iniciaron en 1996, con el asesinato de Adriana Fernández, una serie de crímenes y desapariciones contra mujeres que no han sido resueltos. Hasta el momento de la escritura del libro –y de este artículo- sólo se condenó indirectamente a dos suboficiales de la Provincia de Buenos Aires: por asociación ilícita en delitos relacionados con la promoción y facilitación de la prostitución. Tampoco se establecieron conexiones  entre las redes de prostitución organizada que operan en todo el país de manera similar.

En su trabajo, Fontenla cuenta cómo estas mujeres deben pagar por una protección –tanto a las redes de prostitución como a la propia policía- que, si bien no evita que sean objeto de violencia, la sufren en mayor medida quienes no pagan, ya que son permanentemente detenidas.

En los prostíbulos, los regentes “arreglan” con la policía y con otras instituciones del Estado para poder funcionar, y en la calle esta vinculación se da a la vista de todos.

Este circuito está íntimamente vinculado al de la droga, ya que muchas mujeres se drogan o son drogadas para poder mantenerse en esta situación, y/o a la vez son usadas para la distribución y entrega. El secuestro y desaparición de mujeres y niñas está directamente relacionado con estos circuitos, y sigue una operatoria demasiado semejante a la que usaba la última dictadura militar como para poder ser llevada a cabo sin complicidades con el poder: secuestran, desaparecen y asesinan mujeres contando con la complicidad de distintas instituciones del Estado y de los propios clientes prostituyentes, sin que exista a nivel nacional o local un registro completo de la totalidad de las mujeres asesinadas y desaparecidas en estas condiciones.

La única investigación que tuvo algún resultado fue llevada a cabo por el Juzgado Criminal y Correccional de Transición Nº1 de Mar del Plata, a cargo del Dr. Hooft, que investigó las desapariciones forzadas de Silvana Caraballo, Verónica Chávez y Ana María Nores. La sentencia muestra esta red de complicidades y vinculaciones.

En principio la investigación estuvo a cargo de la policía provincial, pero como no había avances Hooft solicitó instructores judiciales al Procurador General de la Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires. Estos instructores comenzaron la investigación en marzo de 2001 a partir de un entrecruzamiento telefónico que acreditó la existencia de comunicaciones permanentes entre los sectores de la prostitución organizada de Mar del Plata, y dependencias policiales, judiciales y municipales. Incluso se verificaron llamadas entrantes y salientes de teléfonos de oficinas del Comando en Jefe del Ejército, a raíz de la investigación de secuestros, homicidios y delitos graves, 18 de los cuales están vinculados con el caso de las mujeres en situación de prostitución en Mar del Plata.

Del expediente surge que, entre 1997 y 1998, al menos 8 policías varones operaron coordinadamente en hechos delictivos organizando o facilitando la promoción de prostitución, y su protección en calles y prostíbulos. No sólo cumplían funciones dentro de la organización, sino que se encargaban de cobrar compulsivamente a cada mujer una suma semanal para custodiarlas, registrar las patentes de los vehículos de clientes; y a los prostíbulos a cambio de protección. Quedan implicados, entre otros, el policía Ayala y el Fiscal García Berro.

El Comisario Carmelo Impario declaró que “interpreto que algunas de estas chicas (desaparecidas) pueden haberse quedado con un vuelto o cambiarse de bando, víctimas de una actividad mafiosa y de sus posibles protectores… Respecto de las muertas y/o mutiladas interpreto que eran mensajes para otras mujeres que trabajan en el mismo rubro… a modo de advertencia”.

En la sentencia queda muy bien fundada la responsabilidad y participación de la policía y funcionarios judiciales en la explotación de la prostitución, así como la sospecha de su participación en los crímenes asociados con ella. Sin embargo, por los requisitos del establecimiento de la verdad jurídica, fue necesario que los dos policías aceptaran las pruebas que resultan del expediente, en el marco de un juicio abreviado en el que la fiscal y los defensores pactaron penas de cuatro años y cuatro años y dos meses respectivamente. Quedan en esta causa cuatro personas más en calidad de prófugos, entre policías y regentes de un prostíbulo, además de otros procesados.

Las acciones más importantes realizadas desde la sociedad por el esclarecimiento de los crímenes y desapariciones en Mar del Plata, fueron llevadas adelante por el Centro de Apoyo de la Mujer Maltratada. Este grupo de mujeres, comenzó una campaña en 1997 bajo el lema “no hay una vida que valga más que otra”, e hicieron un petitorio para el que juntaron firmas, impulsaron movilizaciones y charlas sobre prostitución, volanteadas, mesas redondas, se entrevistaron con las autoridades, jueces y fiscales que intervenían en las causas. En julio de 1998, al cumplirse un año de la desaparición de Ana María Nores, organizaron una marcha junto con las Abuelas de Plaza de Mayo, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, el Encuentro Nacional de Mujeres (Mar del Plata) y sindicatos. Además elaboró un informe que se nombra en la sentencia del Juez Hooft,  en el que refieren que al 9 de agosto de 2002 se registraban al menos 28 víctimas de desaparición o asesinato de mujeres presuntamente en situación de prostitución.

En síntesis, Hooft detuvo a ocho policías y proceso a un fiscal federal (García Berro), de los cuales sólo logró condenar a dos. El número exacto de mujeres asesinadas y desaparecidas en Mar del Plata aún hoy no se conoce, aunque se estima que podrían llegar a 42.

No son casos aislados. Ni son producidos por un asesino serial, como se sostenía por entonces desde los medios periodísticos. Sólo puede existir esta profusión de casos porque hay una red de complicidades entre clientes prostituyentes, proxenetas, policías y funcionarios.

 
Y no son casos aislados porque continuaron. En el marco de las Jornadas Nacionales de Género, el juez Gabriel Bombini junto con la abogada Victoria Vuoto, presentaron un informe (producto del trabajo de investigadores y extensionistas de la Universidad Nacional de Mar del Plata) sobre víctimas fatales de violencia de género en la ciudad, que reveló que entre 2008 y 2012 hubo 21 femicidios en Mar del Plata.

Este año se ha comenzado con el relevamiento de los casos ocurridos en 2013, de modo que los datos son los más actualizados con que se cuenta. Y todavía deben ser procesados con otros, además de volver a revisarse las bases y cruzar la información con los medios de comunicación.



 

Lo interesante es que, si bien la mayoría de los casos parecerían corresponderse con violencia intrafamiliar, no lo son todos.



No son casos aislados, porque continuaron, decía un poco más arriba. Y tanto así continuaron que, a pesar de todavía no haberse relevado los casos ocurridos en 2013, ya han despertado la preocupación de la diputada provincial María Fernanda Raverta, y a través de ella de los diputados de la Provincia de Buenos Aires.


Raverta es la autora (junto con José María Ottavis Arias, Lucía Portos y Miguel Angel Jose Funes) de un proyecto de declaración que fue aprobado sobre tablas por la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, en el que se declara la preocupación frente a los asesinatos de Laura Iglesias, Delia Haydée García y Vanesa Chaumont, ocurridos en las ciudades de Miramar, Villa Gesell y Santa Clara del Mar respectivamente, dada la gravedad de los hechos, su cercanía en el tiempo y la proximidad de los lugares en que fueron cometidos. En la fundamentación afirman que “podría tratarse de un patrón criminal que pareciera encontrarse enmarcado en un contexto más amplio de violencia de género. Es decir, estaríamos en presencia de crímenes sociales, que son aquellos inscriptos precisamente, en una matriz forjada al fragor de los principios y valores del patriarcado, y que asume a las mujeres en un cabal estado de indefensión, siendo el blanco constante de la violencia misógina (…) cuya erradicación y combate debe nuclear a todas las instancias del Estado, en afán de promover escenarios de discusión y deconstrucción del universo simbólico en que cimientan dicho contexto. (…) Los hechos acaecidos en las ciudades de Miramar, Villa Gesell y Santa Clara del Mar, de comprobarse las hipótesis iniciales, podrían quedar comprendidos en la figura de femicidio. Es así, que el Estado debe brindar un plexo de garantías en lo concerniente a la investigación de los mismos.”












Algunas preguntas que quedan abiertas
1.     ¿Podría encuadrarse el asesinato de Laura Iglesias en el contexto de los femicidios que vienen sucediéndose en los últimos años en Mar del Plata? Creo que hay dos datos que permiten, al menos, considerar esta posibilidad.

·          Por su trabajo en el Patronato de Liberados, Laura estaba en una posición crítica para mediar entre las personas bajo su tutela y sus posibilidades de reinserción social. Hay evidencias de que algo respecto de su tarea la tenía afligida (según sus propias palabras), así como hay evidencias de que las redes de criminalidad en Mar del Plata han logrado corromper diversos estamentos judiciales y policiales.

·          Los errores y omisiones cometidos durante la investigación de su asesinato, así como la negativa a seguir investigando las vías que quedan señaladas por indicios y sospechas bien fundados. Es especialmente llamativo, a este respecto, que el juez Tapia abra la posibilidad a que se indague respecto de la posibilidad de coautoría y complicidades durante el juicio oral, pero no demande a la fiscal Ana María Caro que continúe con la investigación. Caro es quien quedó desde fines de diciembre de 2013 a cargo de la causa y fue quien efectivizó su elevamiento a juicio tal como la cerró Moure.

 

2.     ¿Cómo podría entenderse el apuro del Fiscal Rodolfo Moure para cerrar la investigación y elevarla a juicio? Cuando se trata de valorar los actos de una persona en particular, es más difícil emitir algún juicio con cierta certeza. Sí puedo, en cambio, ofrecer algunos de sus pensamientos para que cada uno saque sus propias conclusiones.

En abril de 2012, a raíz de una serie de crímenes violentos que se habían sucedido bajo su jurisdicción (Miramar y Balcarse), fue entrevistado por el periodista José Luis Jacobo en el programa Noticias & Protagonistas por FM 99.9. Para explicar el aumento de violencia en Miramar indicó que hay dos ciudades bien diferenciadas: “la urbanizada y céntrica, donde prácticamente no hay delitos, que es la que conocen todos los turistas, con edificios, buenas construcciones, clase media, linda para veranear o hacer turismo de fin de semana… y tenemos otra distinta, en la periferia, con gente venida de otros lados a juntarse ahí. Gente que vive en la precariedad no por una cuestión económica sino por una cuestión cultural; es gente que tiene trabajo o planes sociales pero viven en la marginalidad por elección. Es gente violenta, que se droga. Son dos Miramar bien diferenciadas, cuando nosotros hacemos allanamientos parece que estamos entrando a Fuerte Apache y no a Miramar”.

Para explicar esta brecha entre ambas ciudades (como si efectivamente fuesen dos) apela a varias causas convergentes: “Cada vez se nota más una juventud más violenta porque los delincuentes que están emergiendo son de 17 o 18 años que no los teníamos hasta el momento, y están emergiendo porque han cometido delitos de menores, por lo que nunca les pasó nada, y ahora de mayores se encuentran con que no hay mucha impunidad. Para nosotros es una sorpresa ver la violencia de estos jóvenes que recién empiezan a delinquir”.

“Otro de los parámetros a tener en cuenta es que la mayoría de los delincuentes jóvenes son egresados de la escuela estatal con primaria terminada. Hay una falla en la educación, no se les están transmitiendo los valores necesarios para que puedan después desempeñarse en la vida social”.

“En Miramar todos los delincuentes se entrelazan entre sí de manera familiar, el que no es primo de uno, es abuelo o sobrino (…) Ahí tenemos otro factor, que es la herencia que están dejando los padres”.

Así, la supuesta inimputabilidad habiendo sido menores, el fracaso de la escuela pública y la genética familiar parece explicar por qué la delincuencia se concentra en los barrios periféricos, y lejos de la clase media.

Quizás por eso cuando la violencia estalla en el núcleo mismo de una familia típica de clase media, el primer sospechoso es un joven vinculado con la familia, como sucedió con el caso del asesinato de Gastón Bustamante, de 12 años, por quien acusó a su cuñado, que resultó sobreseído. Una acusación por puro capricho, como la calificó Esteban Viñas, uno de los camaristas.

 

No fue este el único caso irregular. También tuvo a su cargo la investigación del asesinato de Melina Briz (18 años), ocurrido en Balcarse, por el que imputó a su novio. La causa quedó en fojas 0 y fue apartado de ella, cuando la Sala II de la Cámara de Apelaciones y Garantías de Mar del Plata dictó la nulidad de todo lo actuado por considerar que existieron apremios durante la investigación. Este fue el argumento de la Cámara de Apelaciones: “Puede concluirse que la policía, al amparo del fiscal, en afán de esclarecer el hecho bajo su investigación, ha echado mano a antiguas prácticas de neto corte autoritario en franca violación a nuestro sistema constitucional de derecho”.

Si estos dos casos no alcanzan como muestra para responder si este fiscal sería capaz de cerrar una investigación no bien realizada, quizás unas declaraciones de febrero de este año puedan aportar a la cuestión. El secretario de Inspección General Marcelo Pigliacampo y el pesidente del Honorable Concejo Deliberante de Mar Chiquita Miguel Paredi, se reunieron con Rodolfo Moure y su ayudante Diego Benedetti a fin de interiorizarse en las nuevas instrucciones impartidas a nivel policial y judicial. Al finalizar el encuentro, Moure anunció  que se creará una oficina de violencia de género en la comisaría. Hemos tenido bastantes condenas, pero es necesario que esa temática sea abordada con seriedad y personal especializado.” Con los ojos de los diputados de la provincia puestos sobre su gestión y sobre estas causas en particular, se comprende que esté apresurado por ofrecer resultados. Lo que no se comprende es que se justifique en la cantidad de condenas, cuando estas no están alcanzando a todos los culpables; y que no los alcancen porque ha elegido cerrar las investigaciones sin siquiera considerarlos.
 

3. ¿En qué apuros y necesidades se escudará la nueva fiscal, Ana María Caro, para explicar la elevación a juicio de la causa contra Cuello, desoyendo a la familia, los compañeros de Laura, ATE, la Cámara de Diputados y -sobre todo, y más grave- las evidencias que no dejan de hablar desde el cuerpo de Laura marcado por las heridas cuando luchó y se defendió, y del cuerpo de Cuello que no fue herido por esa lucha ni esa defensa? ¿Dónde están esos otros cuerpos, que ya cicatrizaron, que llevaban las marcas de las heridas que provocaron y las que Laura les provocó? Quedan como testigos mudos Cuello, y las ropas de Laura sobre las que no se completaron todos los perfiles genéticos.


Uno y otras pueden hablar.

Pero alguien los tiene que escuchar.
 
 

Viviana Taylor
 
 


Declaración de los trabajadores/as del PLB

El PLB tiene como objetivo prevenir el delito y reducir la reincidencia a través de la inclusión social. Para ello se ocupa, bajo el concepto de “tutela”, de toda persona que cumple en el medio libre una pena impuesta judicialmente; y supervisa población post penitenciaria y no penitenciaria. Los trabajadores del PLB vienen alertando que esta institución se ocupa principalmente del control punitivo y no profundiza en las tareas reales ni brinda recursos que tiendan a la reinserción social de la población tutelar.

Fuente: ATE Sur- Lomas de Zamora

Pronunciamiento de los trabajadores del Patronato de LIberados

SCIOLI- CASAL- LOPEZ: TU AHORRO ES NUESTRA MUERTE

Lo sucedido con el asesinato de nuestra Compañera Laura Iglesias en el marco del trabajo de campo, marca el FINAL de la forma de trabajo que venimos desarrollando hasta ahora en el Patronato de Liberados.

Laura Iglesias formó parte de un núcleo de Trabajadores Sociales que interpelaba la práctica instituida en el PLB como instrumento de políticas del Estado Penal y punitivo que está instalado en la Provincia de Bs. As.

Interpelación que llevó a Laura a buscar siempre el encuentro con el otro para desarrollar una crítica colectiva hacia el trabajo signado por el abordaje individual de “casos” bajo el paradigma del control impulsado desde este Patronato, como la disposición a poner su cabeza y su cuerpo en la búsqueda de construcciones colectivas para la superación de este instituido desde el paradigma de los DDHH y de los trabajadorxs.

Como decíamos convencidos con Laura; más trabajo y menos balas, menos cárceles!!!

El Patronato de Liberados se refiere a la violación y tortura seguida de muerte de nuestra Compañera, como un “fallecimiento” queriendo ocultar la gravedad del hecho y de las problemáticas sociales, del grado de deshumanización y extrema violencia en la que viven los sectores excluídos y lxs que trabajamos con ellos. El PLB niega, también, el grado de desprotección con que las trabajadoras encargadas de dar respuesta se enfrentan a estas problemáticas haciendo uso de herramientas inútiles. Se pretende desde la institucionalidad contener una población excluida del trabajo, de la salud de la educación con políticas de disciplinamiento. Esto da como resultado un empeoramiento progresivo de la capacidad de los sectores populares para desarrollar una vida digna.

Se hace indispensable denunciar los peligros a los que estamos expuestas como mujeres trabajadoras. El femicidio del cual fue víctima nuestra compañera y el ensañamiento sufrido por su condición de mujer no puede dejar indiferentes a los funcionarios del Patronato de Liberados, ni a los trabajadores en su conjunto a la hora de demandar e implementar medidas y acciones concretas que modifiquen una dinámica de trabajo basada en el puro sentido común, fragmentada, desarticulada y descontextualizada.

En la dinámica de las tareas encomendadas a lxs trabajadorxs, las autoridades del Patronato vuelven a mostrar su decisión política de no estar a la altura de las circunstancias, tal como lo deja en evidencia, entre otros, la falta de dispositivos de contención en crisis para lxs trabajadorxs, tantas veces exigidos desde ATE por las características especiales que hacen a nuestra tarea. Una vez más, esta gestión, el Ministro y el Gobernador nos muestra la DESIDIA y ABANDONO en que nos dejan como trabajadorxs con un costo demasiado alto que no vamos a permitirlo; como ejemplo de ello, hasta el seguro de vida ha dejado de costear el patronato hace años, violando la Ley Nacional de Trabajo.

Decimos BASTA. El ahorro que pretende realizar el Gobierno de la Provincia con la falta de personal y condiciones de trabajo acorde a las funciones del Patronato NO LA VAMOS A PAGAR CON LA VIDA DE NINGUN TRABAJADXR MÁS!!!

Nuestras condiciones de trabajo, son nuestras condiciones de vida y de muerte.

Si no hay políticas sociales que contengan el desempleo y el empleo precario, hay más política penal para los sectores populares y pauperización para lxs trabajadorxs.

DEJAMOS EXPLÍTICO QUE NO PERMITIREMOS NINGUNA RESPUESTA DESDE EL ESTADO QUE IMPLIQUE “MANO DURA” ANTE ESTOS HECHOS EN PATRONATO. NO QUEREMOS NI PENITENCIARIOS NI NADA QUE NOS VINCULE CON EL APARATO REPRESIVO DEL ESTADO.

A partir de ahora todos lxs trabajadorxs de este Patronato utilizaremos los días de campo para organizar la creación de formas de abordaje y equipos interdisciplinarios para el desarrollo de las tareas con la población. No saldremos a territorio hasta que podamos organizarnos para ello.

Por todo esto, lxs trabajadorxs del Patronato:

* Exigimos el inmediato y efectivo traslado del cupo laboral de planta permanente y con estabilidad dentro del Estado Provincial que pertenecía a Laura para su hija u otro familiar que requiera de empleo.

* Exigimos incorporación inmediata de personal.

* Recursos reales e inmediatos para responder la demanda de la población

* Exigimos el seguro de vida costeado por la patronal, tal como se establece en la Ley de Trabajo. Así como lugares adecuados para atender.

* Exigimos la creación de un dispositivo de contención en crisis para todxs lxs trabajadorxs del Patronato.

BASTA, LOS TRABAJADORXS DEL PATRONATO NO VAMOS A SEGUIR ABSORBIENDO LA CRISIS DE ESTE GOBIERNO CON NUESTRAS VIDAS!

Compañera Laura Iglesias, PRESENTE, AHORA Y SIEMPRE!!!

TRABAJADORAS/ES DEL PATRONATO DE LIBERADOS - ATE

 

viernes, 21 de marzo de 2014

El miedo como fuerza reguladora



Por Viviana Taylor

 

Hace rato que vengo pensando, repensando, escribiendo y reescribiendo sobre una idea que –paradójicamente- parecería obsesionarme: se puede reconocer el tipo de Estado que intenta instituirse o consolidarse, a partir de la obsesión sobre ciertos argumentos.

 

Antes de comenzar a andar nuevamente este camino de ideas y escrituras, creo conveniente desandarlo un poco para explicitar algunos supuestos de los que parto, como para ir poniéndonos de acuerdo en desde dónde digo aquello de lo que hablo y cómo es que llego a este convencimiento:

En primer lugar, entiendo la noción de realidad social como pluralidad. Esto es, como un conjunto de personas y grupos con sus propios intereses, motivaciones, creencias, aspiraciones… En consecuencia, entiendo a la comunidad sobre todo como un proyecto: una aspiración que nunca es totalmente alcanzada, y está en permanente construcción y reconstrucción.

En segundo lugar, y en ese mismo sentido, creo en la necesidad de un Estado tanto más presente cuanto mayor es la heterogeneidad: cuanta mayor diferencia haya entre los intereses, motivaciones y aspiraciones de distintos sectores –incluso, cuanto más contradictorios puedan ser algunos de ellos- más se necesita de un Estado que regule estas fuerzas en oposición.

En tercer lugar, volviendo a mi primera idea, estoy convencida de que es posible reconocer el tipo de Estado que pretende consolidarse desde estas fuerzas en oposición, a partir de las obsesiones presentes en los discursos que pretenden legitimar una u otra postura.

 

Ya transitada la primera década de este siglo y cerca de promediar la segunda –contrariamente a lo que preveían las posturas sobre la globalización como un proceso de homogeneización social y cultural- los ciudadanos pareceríamos ir asemejándonos cada vez menos, las demandas e intereses son cada vez más variados, y constituimos sectores y grupos entre los que conviven algunos que –más que congregar a un proyecto común- dividen.

Si hacemos una lectura precipitada, guiada por los medios de comunicación hegemónicos, parecería que transitamos hacia “sociedades sectarias”, conformadas por una serie de grupos heterogéneos y yuxtapuestos, que compartimos el territorio pero no nos vinculamos más allá de lo imprescindible, y no siempre amigablemente. Y que esta fractura está atravesándonos no sólo al interior de nuestra frontera, sino que se extiende como un karma a lo largo y ancho de casi toda la región. ¿Quién no ha leído y escuchado hasta casi el hartazgo el concepto de “grieta” sobre el que se han tejido argumentos y hasta fue eje de una campaña electoral?

 

Desde estos medios, los grupos y sectores con poder de determinación y de sumisión a ellos (o sea, los grupos a los que los medios sirven, y los grupos de los que se sirven) intentan instalar –y lo logran con bastante éxito- un fuerte sentimiento de incertidumbre respecto de qué tipo de comunidad es posible construir a partir de esta heterogeneidad.

Es ingenuo seguir pensando prioritariamente a los gobiernos como quienes disciplinan a estas sociedades en construcción, estableciendo regulaciones que las obligan a alinearse detrás de sus políticas. Son más bien las propias corporaciones –del sector con poder económico y financiero- quienes a través de los medios de difusión (no considero que a este respecto podamos ni debamos llamarlos de comunicación ni de información) de los que se sirven quienes crean un discurso legitimador de las regulaciones que promueven, para que sean aceptadas por el conjunto, aun cuando afectan los intereses particulares y colectivos de tantos.

 

Y no les ha resultado difícil dar con el argumento necesario. Parecería ser que han resuelto el problema a través del pánico: si algo tienen hoy en común los diferentes discursos que atraviesan la prensa a lo largo de este ancho mundo, es que se han empeñado en asustar al conjunto de las sociedades para poder manipularlas.

 

¿Cómo lo han logrado?

 

En primer lugar, porque sobran razones objetivas para tener miedo. Si comenzamos hablando de la inseguridad económica, el temor a perder el trabajo es parte de una memoria colectiva que se dispara con cada nueva recesión global. Es, sobre todo, parte de la experiencia histórica reciente y vivida: desde hace 60 años se ha ido profundizando de tal forma la brecha entre ricos y pobres, que en los últimos años no hemos logrado aún alcanzar el estado de bienestar anterior a este proceso instaurado desde la Revolución Libertadora (Fusiladora y Expoliadora), continuada por el Proceso de Reorganización Nacional (la última dictadura cívico-militar-eclesial) y consolidada por los gobiernos neoliberales de Menem y De la Rúa.

Es un argumento falaz, injusto –e incluso irracional- pretender que en una década se logre un estado de bienestar similar al anterior a casi 50 años de destrucción sistemática del Estado y de la economía, con una crecientemente grosera e impudorosa transferencia de riqueza desde los sectores populares a los rentísticos.

Pero es un argumento eficaz. Y lo es porque activa esa memoria histórica y el miedo a que el desempleo, los sueldos míseros, el hambre –y los palos- vuelvan. Y que lo hagan como experiencia colectiva, pero sobre todo como experiencia individual y subjetiva. Porque -seamos honestos- cuando la miseria acecha, no preocupa tanto el ruido que hace el estómago del de al lado, como el miedo a que cruja el propio.

Es un argumento eficaz porque impacta emocionalmente. Y cuando la emoción se activa oscurece a la razón. Ya no importa la realidad: no se teme a lo que es, sino a lo que podría ser si lo que fue vuelve.

 

Podría ser suficiente, pero la inseguridad a la que se apela no es sólo económica. Asustan todavía más con las tasas de criminalidad. Y lo que se cuenta parece contribuir a la construcción de un cierto sentido común sobre ella: aunque los datos reales no parecen indicar una mayor incidencia de estos indicadores sobre otros (incluso, los contradicen) los discursos aluden a una delincuencia sustancialmente encarnada por villeros, inmigrantes -especialmente latinoamericanos- y adolescentes. Categorías que, si bien pueden ir separadas, juntas configuran una imagen más clara y discernible: el perfil del delincuente.

Entonces, cuando se pretende describir a un sospechoso que no encaja en esta percepción mediáticamente construida, se aclara que “no es un chico”, “no parecía drogado”, “estaba bien vestido”, “era rubio”. Se lo describe por la distancia respecto de lo que se piensa que un delincuente es.

Y si todo delincuente es villero, inmigrante latinoamericano y adolescente; entonces todo villero, inmigrante latinoamericano y adolescente es –por inversión y reductivamente- un delincuente.

La “delincuencia” se convierte, así, en una especie de segunda naturaleza. Y si la delincuencia está en su razón de ser, no hay razón para tolerar que sigan siendo. Para el delincuente, mano dura: ni olvido, ni perdón. Ni siquiera justicia.

Para el villero, el inmigrante latinoamericano y el adolescente, tampoco.

 

En un país como el nuestro, que ha construido su experiencia alrededor del mito fundante de “lo argentino” en el crisol de razas, es difícil reconocer esta hostilidad. Sin embargo, se cuela todo el tiempo por los intersticios del lenguaje. Abundan las expresiones “no negro de piel, negro de alma”,  boliferias” o “ferias boliguayas”; es común escuchar a movileros de programas de radio o televisión preguntando por el país de procedencia de los ocasionales entrevistados que no les parecen suficientemente europeos en sus rasgos, o cuya fisonomía o entonación les resulte demasiado nativa, y asombrarse cuando se les responde que es argentina. Los cabecitas negras de ayer son los bolivianos, paraguayos, peruanos, colombianos, ecuatorianos y venezolanos (o cualquiera que se les parezca) de hoy.

Y no me meto con los chinos porque son otra cultura. Si hasta tienen su propia delincuencia y se matan entre ellos. Son lo absolutamente otro.

Así las cosas, no tenemos de qué asombrarnos cuando el lenguaje reaccionario encarna las intenciones e interpretaciones que los buenos modos nos han enseñado a disimular. En él se inscriben expresiones no tan nuevas, pero permanentemente renovadas: son los planeros.

Es por estas identificaciones que las categorías de delincuente y planero están tan íntimamente relacionadas: apelan a dos formas de robarnos -nuestros bienes o a través de los impuestos-. Dos formas de apropiarse de lo que no les corresponde y es de los que trabajamos y nos ganamos la vida honrada y esforzadamente, y estamos obligado al doble cuidado: de la incertidumbre de los avatares económicos, y de la expoliación a través del robo por los delincuentes o a través de los impuestos para los planeros. Dos categorías que bien pueden caberle a la misma persona, configurando el complejo “villero, latinoamericano, adolescente, delincuente y planero”. ¿O acaso no dijo un entonces aspirante a gobernador hoy diputado que “las negritas se embarazan por un plan”, y un dirigente de un partido político centenario que “la asignación se va por la canaleta del juego y de la droga”?

Villero, latinoamericano, adolescente, delincuente, planero, jugador y adicto. Y si adicto, por qué no narco. La instalación de un nuevo miedo. Y vienen por todo: ya lo dijeron.

 

Quizás la raíz de esta apelada, fomentada y realimentada hostilidad está en el desconocimiento sobre lo que excede la propia experiencia: cuanto más desconocemos, más tememos. Por eso es fácil asustarnos con escenarios apocalípticos donde se conjugan caóticamente indicadores macroeconómicos imprecisos con una dosis de contaminación y altas cuotas de corrupción (y -por qué no- algún que otro condimento de patología psiquiátrica).

La hostilidad y la desconfianza permiten la instalación de explicaciones basadas en confabulaciones y complots. Por eso es fácil explicar (y con esto no pretendo justificar, ni lo hago) por qué ante la crítica burda, destemplada y mentirosa de Massa al anteproyecto de Código Penal sobre el que se había estado trabajando durante dos años, y la fuerza de su impacto en un sector bastante extenso de la sociedad, los referentes del radicalismo y el PRO que integraron la comisión redactora, fueron dejados solos por sus partidos en la defensa del texto redactado e incluso desconocidos en su representación. Por eso es fácil explicar el que tantas personas estén dispuestas a sumar su firma a un supuesto petitorio para que no sea debatido, y la plasman en una hoja en la que no se especifica a qué están adhiriendo… Tanta desconfianza puesta en lo que proponen las fuerzas políticas y los referentes académicos y profesionales a través del consenso, y tanta confianza ciega al poner una firma y su número de documento en una hoja que bien podría ser adjuntada a cualquier texto. O peor: porque, mal que les pese, no acompaña a ninguno.

 

La hostilidad y la desconfianza permiten la instalación de explicaciones basadas en confabulaciones y complots, es cierto. Paradójicamente, parecen ir acompañadas por una cuota proporcional de adhesión y confianza ingenua a aquellos a quienes se ha elegido creerles esas explicaciones.

Y esto sucede así porque lo que le otorga credibilidad a estas teorías es que el terreno viene siendo laboriosamente abonado con el desencanto contra la política y la desconfianza en los políticos que no se alinean detrás de los intereses de las corporaciones con fuerza mediática. No es casualidad que quienes más creen en las posturas mesiánicas de quienes (al estilo de Massa) se sostienen en un discurso ambiguo, carente de contenido y pleno de frases de sentido común, o (al estilo de Carrió) se hacen eco y disfrazan de denuncia informada lo que de los mismos medios han tomado, suelen ser quienes tienen menos acceso a la  información sobre la realidad económica, social y política. Y es lógica esta deficiencia en el acceso: esos mismos medios y sectores se han encargado de estigmatizar a aquellos otros que construyen un relato diferente sobre la realidad. Como si sólo hubiese hechos que objetivamente pudiesen ser enunciados, sin interpretaciones. Y como si ellos tuviesen el don intelectual y moral para enunciarlos aséptica y verazmente.

 

En fin, la mejor estrategia para mantenernos asustados son las propias políticas de miedo. Por eso los precoces discursos electoralistas e instituyentes –sobre todo desde el Frente Renovador y el PRO- parecerían resumirse en un “si no somos nosotros, será el infierno”, bajo la forma recientemente inaugurada de “van a sacar a todos los delincuentes a la calle”.

 

Estos grupos –aquí, pero también agarrados como garrapatas a las venas realimentadas de toda nuestra región- han encontrado una forma eficiente de manipulación de estas sociedades crecientemente complejas, y crecientemente sofisticadas en sus demandas: el miedo.

Más aún: lo han convertido en la forma de legitimación más pavorosa. Y la más siniestra.

 

¿El antídoto? Nada nuevo: ciudadanos más informados, que es la única forma de propiciar un mayor espíritu crítico. Y más éticos.

Si volvemos a la idea de que es posible reconocer qué tipo de Estado se pretende consolidar a partir de las obsesiones presentes en los discursos legitimadores, es fácil comprender por qué el tema central sobre el que giran hoy estas discusiones es la posibilidad de una vuelta atrás con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y la necesidad de detener el debate sobre el nuevo Código Penal.

También es fácil comprender por qué, más allá de la ambigüedad expresada por Massa al afirmar que los derechos no son del gobierno ni de los docentes, sino de los chicos, desde AméricaTV –el grupo de Vila y Manzano que se ha erigido en su comando de campaña mediática- esta mañana el periodista Antonio Laje en una entrevista con la Directora General de Escuelas bonaerense Nora de Lucía sobre el paro docente que ya lleva 13 días, cerró la misma expresando que “quien no trabaja se tiene que ir” adoptando una postura aún más dura (y hasta intransigente) que la de la propia DGE. Una entrevista confusa… casi una bajada de línea a la funcionaria.

Y es que la educación es otra de las obsesiones en estos discursos legitimadores. Y no una educación entendida como un lugar de democratización y participación, sino como un lugar de control social. Un lugar donde primero se debe controlar a los educadores para que luego, ya domesticados, ellos mismos reproduzcan el control social en sus alumnos y –a través de ellos- en las familias. ¿Qué mejor forma de comenzar el proceso de domesticación y sumisión que amenazando con los sueldos y los despidos? ¿Cómo no atemorizarnos? Es una experiencia que ya hemos vivido. Afortunada (o estratégica, o políticamente) Nora de Lucía no asintió. Y antes de eso ya había expresado su conformidad con que no se descontaran los días de paro. Aún con el conflicto con los docentes en plena tensión, el gobierno de Scioli no está ni cerca de ser lo que promoverían estos sectores desde un hipotético gobierno de Massa.

 

De la educación y la información de los ciudadanos, en definitiva, depende qué tan efectivas son las estrategias de manipulación, regulación y legitimación. De ellas dependen el tipo de Comunidad y de Estado de los que formamos parte y que estamos dispuestos a construir.

Veremos de qué todos nosotros –los ciudadanos- somos capaces.

 

Viviana Taylor