viernes, 2 de octubre de 2009

El show de la exposición pública de las debilidades privadas



Sandra Mendoza se ha vuelto una cara conocida en los medios, siempre vinculada a escándalos políticos y matrimoniales. ¿Pero quién es esta señora?


Nació en Presidencia Roque Sáenz Peña el 20 de abril de 1963. Es hija del ex ministro de la Corte chaqueña, Guillermo Mendoza, una de las figuras del peronismo del provincial, que fue miembro del Superior Tribunal de Justicia del Chaco prácticamente desde que se convirtió en provincia. Los Mendoza tuvieron, además, otros tres hijos: Lichy, hoy funcionaria en el ministerio de Educación del gobierno de Jorge Capitanich; Claudio Ramiro, ex diputado nacional y provincial, fallecido en el 2005; y Rodrigo.

Cuando en 1983 –pasados los tiempos de la dictadura- Guillermo Mendoza fue propuesto para volver a ocupar un cargo en el Superior Tribunal de Justicia, Sandra estudiaba Kinesiología, y Jorge Milton Capitanich había llegado a Resistencia para estudiar Ciencias Económicas.

Ella misma cuenta que se conocieron en la militancia estudiantil. Ese noviazgo fue clave para el actual gobernador del Chaco, ya que los vínculos de los Mendoza dentro del peronismo le fueron abriendo puertas en el mundo de la política. Gracias al padre de su novia, Capitanich ingresó a la administración pública provincial en 1987, un año antes de recibirse como contador. Fue secretario privado del entonces gobernador Danilo Luis Baroni, pasando luego por la Pro Secretaría General de Casa de Gobierno. Por último fue Secretario de Comunicación Social de Casa de Gobierno. A partir de allí iniciaría sus contactos con la política nacional durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, el que todo lo hizo.


Sandra Mendoza se casó con Capitanich y tuvo dos hijas. De a poco, las finanzas familiares fueron prosperando. En su declaración jurada en la Cámara de Diputados provincial, cuando asumió en 2005, reconoce un patrimonio de 2.156.104 pesos, todo en bienes gananciales. Pero no están mencionadas sus participaciones en distintas empresas, como JG ADVANCE SA, u otras en donde aparece asociado su marido, como Regional Airport Systems SA, AGRONEA o M-Unit, el polémico fondo que creó un pool de siembra, del que dice haberse desprendido. Apenas detalles que se le pasan por alto a cualquiera.


Su hermano Claudio Ramiro Mendoza fue diputado nacional y provincial. Sandra lo intentó en varias ocasiones, pero recién va a poder llegar en diciembre, cuando asuman los diputados electos en junio. Recuerdan algunos "compañeros" que una de las razones por las que hasta ahora no había llegado, fue que el propio Capitanich intervino en 2003 para “bajar” a su esposa del cargo, quien igual estuvo dispuesta a ir a las internas. Pero un apoderado de su lista se presentó al Tribunal Electoral y se efectivizó la baja. Mendoza acusó directamente a su esposo por esa maniobra, en uno de los primeros escándalos político-matrimoniales que protagonizó. Capitanich ya era senador, así que el espectáculo se armó en las oficinas de la Cámara Alta. Fue la primera vez que se habló en público de la posibilidad del divorcio, y la noticia llegó incluso a las columnas políticas de los diarios de aquella época. El divorcio finalmente no se produjo, quizás porque la división de bienes habría significado una escisión tremenda para Capitanich. De todas maneras, aquella relación nunca volvió a ser lo que era. Al menos, lo que hasta ese momento públicamente había mostrado ser. De hecho, desde entonces viven separados, aunque –como siempre han hecho los políticos de nuestra historia reciente- Capitanich agradeció a su esposa cuando fue electo gobernador. Y bien que hizo: de no ser por ella y su familia, probablemente no habría pasado de militante medio o incluso de un buen técnico.


Otra oportunidad perdida para Sandra Mendoza para llegar a la banca había sido la del 2005. Dicen los que dicen que saben, que esta vez Capitanich pidió el cargo para ella en un acuerdo político en el que además estuvieron Gustavo Martínez (entonces presidente del PJ Capital y ahora presidente de SAMEEP) y José Mongeló (entonces presidente del Consejo Provincial del partido, ahora subsecretario de Cultos de Capitanich). Aunque Mendoza fue aceptada, la crisis política no tardó en aparecer, ya que al parecer no compartía las estrategias del bloque ni se preocupaba por disimularlo. La crisis fue tan grande que fue expulsada.

Desde ahí, la historia es materia conocida. Quiso imponer ministros, y manejar ministerios. Logró que echaran al responsable de Información Pública, Néstor Avalle; a la ministra de Desarrollo Social, Claudia Panzardi; pidió dos veces la renuncia del ministro de Gobierno, Jorge Alcántara, y la del ministro de Salud, Oscar Holzer, siempre de manera pública en duras conferencias de prensa o a los gritos en la antesala del despacho del gobernador. También logró la designación de Verónica "la Pipi" Ansaloni, una mujer con quien la une una estrecha relación.

Y los escándalos siguieron sumándose. En febrero de este año, tras discutir con su marido, se subió a una camioneta y tiró abajo una pared de la Casa de Gobierno provincial. También destrozó al menos 6 vehículos oficiales. Tras los hechos, se montó un gran operativo para que la escena quedara sin rastros.
Apenas dos meses después, le seguía provocando dolores de cabeza a su gobernador y esposo, y lo que es peor, a toda la provincia. Cuando el 21 de abril trascendió que renunciaría a su cargo en el ministerio de Salud Pública del Chaco, debido al escándalo del dengue, fuentes del propio gobierno provincial explicaron que el pedido de renuncia vino de altos cargos dentro del organismo. La razón era evidente: temían un nuevo escándalo cuando fuese interpelada en la legislatura provincial. Y el escándalo no se hizo esperar. Luego de horas de cháchara en la que no permitió que se le hicieran preguntas, convirtiendo la interpelación en una exposición sui generis, nos dejó quizás su frase más famosa: “la culpa la tiene el mosquito”. Finalmente, se fue. O la fueron. Pero como nadie se va con las manos vacías, por estos días Mendoza cumplía funciones de representante provincial en el Programa de Salud Familiar y Educación para la Salud y como Coordinadora General de los Programas de Salud Deportiva, Programa de Municipios Saludables, Programa Nacional de Salud Integral en la Adolescencia y Programa Nacional de Sanidad Escolar. Además, lo que no es menos, el 28 de junio fue electa diputada nacional por el Partido Justicialista. Mendoza lo hizo.


Ahora, la ruptura política del matrimonio acaba de sumar un nuevo capítulo a este novelón tercermundista, con la confirmación por parte del gobernador del inicio de los trámites de divorcio, luego de que su esposa irrumpiera en un procedimiento policial para impedir el desalojo de piqueteros que acampaban en la plaza central en protesta contra su marido.

Resulta que la ahora ex de situaciones y estados varios, se había reunido al mediodía con manifestantes de varias entidades sociales como la CCC, Polo Obrero y el Movimiento de Trabajadores Desocupados 17 de Julio, que se movilizaron en repudio al desalojo y represión policial del miércoles 30 de septiembre contra un acampe en la plaza 25 de Mayo. La primera dama había intentado frenar el operativo de desalojo de los piqueteros, que hasta allí había sido casi pacífico. Los manifestantes, ante la gran presencia de uniformados, optaron por retirarse. Pero Mendoza apareció y, con su estilo tan particularmente conciliador, a los gritos les pidió que volvieran. Entonces sí, se desataron incidentes y 29 personas fueron detenidas. Al parecer, este matrimonio político resuelve en la arena pública sus conflictos privados. Pero, para Capitanich, esta vez sí fue demasiado. Y Mendoza fue despedida.


Alegando que no había sido notificada de su salida del gabinete, Sandra se presentó en la Casa de Gobierno para ir a su despacho, y se encontró con que la policía no le permitía ingresar al edificio. Se sentó en las escalinatas de acceso y se puso a tomar una gaseosa. Pero claro, no es mujer de andar llorando mansamente por los rincones: "Si es una orden de él, voy a denunciar abuso de poder", advirtió. Cualquier semejanza con otras expulsiones y prohibiciones de ingreso a primeras damas, es pura coincidencia. O no.


El ministro de Gobierno chaqueño, Juan Manuel Pedrini, confirmó que había una "orden" del mandatario para prohibir a Mendoza la entrada a la Casa de Gobierno. También indicó que era "amigo personal" de Mendoza, a quien calificó como "una persona comprometida con la lucha por los derechos humanos". (sic). Cualquier parecido con la ficción, es pura realidad.
Seguramente tendremos nuevos capítulos. La historia continuará.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Para seguir pensando acerca de un modelo de Estado

La fuerza reguladora del miedo
Viviana Taylor

En otro artículo, Apuntes para ir pensando un modelo de Estado, hice referencia a algunas ideas en torno del Estado y su relación con la comunidad:
1. La noción de la realidad social como pluralidad y, en consecuencia, de la comunidad como proyecto.
2. La afirmación sobre la necesidad de un Estado tanto más presente, en tanto mayor sea esa heterogeneidad.
3. El reconocimiento de las funciones reguladoras y legitimadoras como específicas del Estado. Funciones reguladoras por las que el Estado intenta la construcción de un cierto tipo de comunidad a partir de la heterogenidad; y legitimadoras, por medio de las que instituye como aceptables, e incluso deseables, esas regulaciones, de modo que se requiera la mínima represión posible para poder llevarlas a cabo.
4. El convencimiento de que es posible reconocer qué tipo de Estado pretende consolidarse desde las fuerzas en oposición, a partir de las obsesiones presentes en sus discursos legitimadores.

A pesar de que la divulgación de los argumentos en torno de la globalización –en todas sus formas- parecerían llevarnos a concluir lo contrario, lo cierto es que a principios de este siglo XXI las sociedades son menos homogéneas que en el siglo pasado. Los ciudadanos se parecen cada vez menos entre sí, sus demandas e intereses son cada vez más variados, y constituyen una cantidad creciente de sectores y grupos (que, por su cantidad y diversidad, más que congregar, dividen). Visto así, parecería que transitamos hacia “sociedades sectarias”, conformadas por una serie de yuxtaposiciones de grupos heterogéneos que comparten el territorio. Y no siempre amigablemente.

¿Qué tipo de tipo de comunidad es posible construir hoy, a partir de esta heterogeneidad? ¿Y cómo hacen hoy los gobiernos para disciplinar a estas sociedades, estableciendo regulaciones que permitan que se alineen detrás de sus políticas? Pero sobre todo, ¿cómo hacen para que esas políticas sean consideradas legítimas, cuando afectan los intereses particulares de tantos?
Parecería ser que el problema se ha resuelto a través del pánico. Si algo parecen tener hoy en común tan diferentes gobiernos a lo largo de este ancho mundo, es que se han empeñado en asustar al conjunto de las sociedades para poder manipularlas.
Pero… ¿cómo hacer para conseguir que la gente se asuste?

Dejemos las generalidades, y tratemos de analizar más concretamente qué tipo de comunidad estamos construyendo en nuestro país en la actualidad.
En primer lugar, sobran razones objetivas para tener miedo. Si comenzamos hablando de la inseguridad económica, el temor a perder el empleo no sólo se ha disparado por la recesión que estalló globalmente durante el 2008. Es sobre todo parte de la experiencia histórica de una sociedad que padece cíclicamente crisis económicas que, al ser superadas, nunca logran alcanzar el estado de bienestar anterior. Crisis que en los últimos 60 años han profundizado la ya enorme brecha entre ricos y pobres.
Mientras escribo esto, tengo a mi lado el diario Clarín de ayer, 27 de septiembre de 2009. El título principal de la tapa hace referencia a un conflicto gremial en la Provincia de Buenos Aires que ha provocado cortes en la Panamericana durante varios días, piquetes en la Ciudad de Buenos Aires por parte de grupos de estudiantes en apoyo a los trabajadores en conflicto, y ha profundizado los resquemores entre los gobiernos nacional y provincial; pero también de la Ciudad de Buenos Aires, que siente que un problema que debería estar viendo desde afuera, como mero espectador, se le ha metido por el patio de atrás. En las páginas interiores, abundan las noticias sobre provincias que suben sus impuestos para compensar sus déficits presupuestarios, corrupción económica, una columna de opinión sobre el recrudecimiento de la reducción de trabajadores a la esclavitud y la servidumbre, y un recuadro que se titula -como una metáfora del país- “Hay una Argentina que está de remate”. Y más.
Pero la inseguridad no es sólo económica. Asustan todavía más las tasas de criminalidad. Y la información circulante parece contribuir a la construcción de un cierto sentido común sobre ella: aunque los datos reales no parecen indicar una mayor incidencia de estos indicadores sobre otros, los discursos aluden a una delincuencia sustancialmente encarnada en villeros, inmigrantes latinoamericanos y adolescentes. Categorías que si bien pueden ir separadas; juntas configuran una imagen más clara y discernible, mejor. La muestra de que este es el perfil del delincuente, se evidencia más crudamente cuando se pretende describir a otro tipo. Entonces se aclara que no se trataba de un chico, o no parecía drogado, o estaba bien vestido, o era blanco. Así, se lo define por su distancia respecto de lo que se piensa que un delincuente debería ser. Y por reducción, si todo delincuente debería ser villero, inmigrante, y adolescente; entonces todo villero, inmigrante y adolescente será, por contrapartida, delincuente. Y si es la delincuencia lo que está en su razón de ser, no hay razón para que sigan siendo. Para el delincuente, mano dura: ni olvido ni perdón. Y para el villero, el inmigrante y el adolescente, tampoco.
Sin embargo la desconfianza excede a la experiencia con estos grupos. Durante el año pasado asistimos al recrudecimiento de una diferenciación, en la que se radicalizaron identidades que en nuestro país hacía mucho que no se manifestaban como tan opuestas: la ciudad y el campo. Como si hubiésemos viajado muy atrás en el tiempo, volvieron argumentos que olían a “civilización y barbarie”, “Buenos Aires e Interior”, “nacionalistas y extranjerizantes”. Y se impuso estar en uno u otro lado. No hubo lugar para posturas intermedias, ni alternativas, ni distintas. La identidad polarizada.
En un país como el nuestro, que ha construido su experiencia alrededor del mito del crisol de razas, es muy difícil reconocer esta hostilidad, que sin embargo se cuela por los intersticios del lenguaje. Así, el ataque terrorista perpetrado contra la AMIA fue un “atentado a los judíos” pero que nos lastimó “a todos los argentinos” (como si los judíos no formaran parte del colectivo, que solidariamente se identifica con su dolor); ferias donde se venden productos de confección económica y dudosa calidad son conocidas popularmente como “boliferias” o “ferias boliguayas”; y es posible escuchar a los movileros de los programas de radio y televisión preguntar por el país de procedencia de los entrevistados cuya fisonomía o entonación les resulta demasiado nativa, y asombrarse cuando se les responde que es Argentina. Los cabecitas negras de ayer son los bolivianos, los paraguayos, los peruanos y los ecuatorianos (o cualesquiera que se les parezcan) de hoy. No hay de qué asombrarse cuando este lenguaje reaccionario encarna en una jueza de contravenciones, al grito indignado de “¿no contratan rubias en esta oficina?” cuando se le pretende cobrar la multa por su infracción de tránsito. Ni hay de qué asombrarse cuando las personas agraviadas pasean sonrientes su ofensa por los programas que les ofrecen unos minutos de pantalla o de aire radial. Mucho que lamentar, pero nada de qué sorprenderse.
La desconfianza es una buena forma de apelar al miedo. Sobre todo, insisto, cuando brota de una hostilidad ciega. Es imposible combatir aquello que no se reconoce.
Quizás la raíz de esta hostilidad está en el desconocimiento sobre lo que excede la propia experiencia. Por eso también es fácil asustarnos con teorías conspirativas en las que aparecen como actores los multimedios, las corporaciones y multinacionales, o escenarios apocalípticos donde se conjugan caóticamente los indicadores macroeconómicos, el terrorismo islámico y el imperialismo norteamericano, con una dosis de contaminación… La hostilidad y la desconfianza permiten la instalación de explicaciones basadas en confabulaciones y complots. Y lo que le otorga credibilidad a estas teorías, no siempre siquiera verosímiles, es que el terreno ha sido abonado con el desencanto por la política y la desconfianza en los políticos. Política que hoy ya no es vista como el arte de la construcción del bien común, sino como el barro donde se lucha por intereses sectarios. Un barro del que no es posible salir limpio, y donde los políticos son –en su mayoría- considerados como los inmorales servidores de intereses que los trascienden, pero por los que han vendido su alma y el bienestar de todos nosotros. El viejo relato de la lucha entre el Bien y el Mal, Dios y el Demonio, con otros actores.
En fin, la mejor estrategia para mantenernos asustados son las propias políticas de miedo. Por eso los discursos electoralistas e instituyentes (y esto no es exclusivamente argentino) se resumen en “después de mí (o “con ellos”), el infierno”, aunque todas las propuestas sean bastante parecidas. O no las haya.

Al parecer, los gobiernos y quienes detentan alguna forma de poder –y los aspirantes a ellos- han encontrado una forma eficiente de manipulación de estas sociedades crecientemente complejas: el miedo. Y más aún, este miedo se está convirtiendo en la forma de legitimación más pavorosa.
¿El antídoto? Ciudadanos más informados, con mayor espíritu crítico, y más éticos. Si volvemos a la idea de que es posible reconocer qué tipo de Estado se pretende consolidar, a partir de las obsesiones presentes en los discursos legitimadores, es fácil comprender por qué el tema central sobre el que giran hoy estas discusiones es la necesidad de una nueva ley de medios. Tal y como antes –siempre, permanentemente- lo fue, es y seguirá siendo la situación de la educación. Por eso los argumentos en torno de estas dos cuestiones son tan fecundos para comprender qué tipo de Sociedad, Comunidad y Estado se pretenden promover desde cada sector partícipe en esta discusión.
De la educación y la información de los ciudadanos, en definitiva, depende qué tan efectivas son las estrategias de manipulación, regulación y legitimación. De ellas depende el tipo de Comunidad y Estado de los que formamos parte, y de los que estamos dispuestos a construir.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Ley de Medios Audiovisuales

Haciendo algo de historia...

La historia de las leyes de prensa, entre la democracia y el fascismo
http://www.clarin.com/diario/2009/09/06/elpais/p-01992974.htm

... para comprender mejor el presente
Propuesta del Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual
Posturas a favor de la propuesta
Posturas contrarias a la propuesta

Minería: factor de contaminación

sábado, 18 de julio de 2009

J-18

Un 18 de julio

Era una mañana soleada, fría y hermosa. Estaba junto a la ventana de la cocina mínima de entonces, viendo el juego del sol sobre las hojas traslúcidas de los árboles de una quinta vecina. En el living, Nico -mi bebé de 10 meses- se había quedado dormido en su corralito. Ese mismo corralito que había abrigado los juegos y sueños tempranos de todos los bebés de la familia.

Ese momento se me quedó grabado, como todos esos momentos en que sentimos que la vida cambió de repente. Sé que estaba escuchando Radio Mitre, igual que ahora -igual que cada mañana en que estoy en casa, desde siempre-. Y así lo supe. Igual que había sabido del atentado en la Embajada de Israel, dos años antes.

Corrí hacia donde estaba mi hijo, para asegurarme de que seguía allí. Él, dormía. Y yo lloré. Todavía hoy, cuando lo recuerdo, lloro profundamente.

martes, 14 de julio de 2009

Y... Médicos sin banderas VS TVR


Aunque al final del segmento de TVR publicado en la entrada anterior, la mirada parecería inclinarse hacia la indulgencia, apenas terminado el programa Ariel Umpierrez publicó el siguiente comunicado en el grupo "Médicos sin Banderas", que coordina en Facebook (va completo y sin edición, post del 12 de julio a las o:49 hs):

El sábado 11 de julio, el programa TVR que se emite por Canal 13 difundió un video calumnioso sobre mi persona. Lamentablemente el daño está hecho y, obviamente despues, cuando todo vuelva a estar claro, nadie se hará responsable aunque confiamos en que tendremos nuestro "derecho a réplica". Allí se virtieron 3 informaciones mentirosas y/o se manipularon imágenes y extractos sacados de contexto.
1) Que hubo una acusación contra la ONG Medicos en Catástrofes en 1998 (hace 11 años), por un supuesto faltante de 250.000 dolares en la ONU es cierto. Alguien nos acuso de eso! Pero resultó que la investigación demostró que ese alguien y el abogado patrocinante de la denuncia eran agentes de la SIDE. Despues, en la Justicia se demostró que la ONU no solamente nos reclamaba nada, sino que nos seguía dando fondos para otras misiones por todo el mundo. Al cabo de un año, EL 7 octubre de 1998, la Justicia archivó la acusación y fuimos liberados de cualquier culpa ya que no había existido delito alguno. Eso creo que no lo aclaró el informe de TVR!!!
2) Que yo soy economista y no médico siempre estuvo claro y repetido por mí, incluso está en el encabezamiento de nuestro Grupo Facebook.
3) Que no somos la misma OnG que Medicos sin Fronteras tambien está claro y repetido hasta el cansancio por nosotros. Tambien es cierto que varios de nosotros nos iniciamos en MsF en Francia hace más de 15 años.
CONCLUSIÓN preliminar: Este ultimo tiempo hemos molestado a alguien muy poderoso. Cómo?, solamente diciendo la verdad sobre lo que pasa con el dengue, la Gripe A y tantas otras barbaridades que aquejan, especialmente a los más pobres que dependen del hospital público y de la dádiva oficial. La impresión que tenemos es que nos quieren callar con calumnias y mentiras.
Espero que a ustedes les quede clara la situación.
Saludos,
Ariel
Cada uno, como siempre, tendrá que decidir a quién le cree, dónde pone la fe. O no.